Mendoza pierde empleo formal y crece la economía de subsistencia: más despidos, menos consumo y auge del trabajo precario
El fenómeno refleja una transformación preocupante del mercado laboral provincial, donde el trabajo estable pierde terreno frente a modalidades más precarias e inciertas.

La crisis laboral en Mendoza muestra señales cada vez más profundas. Mientras el empleo privado registrado continúa retrocediendo, miles de trabajadores desplazados del mercado formal buscan alternativas para sostener sus ingresos a través de emprendimientos de supervivencia, franquicias o plataformas digitales.
Según datos de la Secretaría de Trabajo basados en registros del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), Mendoza registró en marzo una caída interanual del 3,4% en el empleo privado formal, un retroceso que duplica ampliamente el promedio nacional, ubicado en el 1,5%. La cifra confirma que la provincia atraviesa un proceso de deterioro laboral más acelerado que el resto del país.
El impacto social de esta situación también queda reflejado en las estadísticas del INDEC. En el último año, alrededor de 10.000 mendocinos pasaron a integrar las filas de la desocupación. A ellos se suman otras 7.000 personas que, aunque conservan una ocupación, necesitan trabajar más horas o conseguir una segunda fuente de ingresos porque sus salarios ya no alcanzan para cubrir los gastos básicos.
Frente a la falta de oportunidades laborales, muchos trabajadores despedidos están apostando sus indemnizaciones a la apertura de pequeños comercios o franquicias. Sin embargo, lejos de responder a una estrategia empresarial planificada, en numerosos casos se trata de una salida obligada ante la imposibilidad de reinsertarse en el mercado laboral formal.
Especialistas del sector productivo advierten que gran parte de estos nuevos emprendedores no poseen experiencia comercial previa. Son ex empleados que, tras perder su trabajo, intentan generar su propio sustento utilizando los recursos obtenidos por indemnizaciones o retiros voluntarios. El problema es que deben hacerlo en un contexto económico marcado por el bajo consumo y la incertidumbre.
La situación se vuelve aún más compleja para quienes superan cierta edad y encuentran cada vez más dificultades para conseguir empleo en relación de dependencia. Para ellos, el capital recibido tras un despido representa una oportunidad única y, al mismo tiempo, un riesgo considerable: si el emprendimiento fracasa, las posibilidades de recuperación son escasas.
Los economistas locales observan además una alta rotación comercial. Muchos locales que abren sus puertas logran sostenerse apenas algunos meses antes de cerrar nuevamente. La falta de demanda y la retracción del consumo interno se han convertido en obstáculos determinantes para la supervivencia de pequeños negocios y franquicias.
Este escenario configura una provincia dividida en dos realidades. Por un lado, un sector reducido de trabajadores que accedió a indemnizaciones significativas puede intentar inversiones en franquicias gastronómicas, de estética o indumentaria. Por otro, la mayoría de los despedidos provenientes de pequeñas y medianas empresas enfrenta un panorama mucho más limitado, donde las aplicaciones de transporte, reparto y otras formas de trabajo independiente aparecen como la única alternativa inmediata para generar ingresos.
El crecimiento de actividades vinculadas a plataformas digitales, lejos de ser una señal de dinamismo económico, comienza a ser interpretado por especialistas como un síntoma de deterioro del empleo formal. La expansión del cuentapropismo no surge de una elección vocacional ni de nuevas oportunidades de negocios, sino de la necesidad de compensar la pérdida de puestos de trabajo estables.
La experiencia mendocina pone de manifiesto una tendencia que se repite en distintos puntos del país: detrás de algunos indicadores macroeconómicos positivos persiste una realidad laboral marcada por despidos, salarios debilitados y una creciente precarización. En ese contexto, el desafío ya no pasa únicamente por generar actividad económica, sino por recuperar empleos de calidad que permitan reconstruir la capacidad de consumo y la estabilidad de miles de familias.
