Macri reaparece hablando del “futuro del país”, mientras su propio pasado económico sigue pesando
Su reaparición reabre inevitablemente el debate sobre el legado de su gestión, marcada por un endeudamiento récord —incluyendo un bono a 100 años— y una crisis económica que dejó bases frágiles para el presente.

El ex presidente Mauricio Macri volvió a la escena política nacional para confirmar, junto a Karina Milei, un acuerdo electoral entre el PRO y La Libertad Avanza, justificándolo como una decisión de “responsabilidad histórica” para garantizar el “futuro del país”.
Macri afirmó que “lo que está en juego no es un partido ni un cargo, sino el futuro del país” y que la alianza busca “acompañar el cambio que está en marcha” priorizando coincidencias con el gobierno de Javier Milei. Reconoció, no obstante, que la decisión generó resistencia interna en el PRO, donde varios dirigentes ven con recelo una fusión que podría diluir la identidad partidaria y subordinarla al oficialismo libertario.
La secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, enmarcó el pacto en la defensa del plan económico y de lo que definió como “batalla cultural”, reforzando la idea de que el Congreso será clave para blindar las reformas impulsadas por su hermano.
El problema para Macri es que su llamado a “defender el rumbo” se enfrenta con una memoria social que no olvida el deterioro económico de su mandato: inflación en ascenso, recesión prolongada, caída del poder adquisitivo y un endeudamiento externo que condiciona la política económica hasta hoy. Su discurso sobre el futuro queda así atravesado por un pasado que debilitó las bases de estabilidad que ahora dice querer preservar.
El acuerdo PRO–LLA, lejos de ser solo una jugada electoral, implica una apuesta política de alto riesgo: Milei obtiene respaldo territorial y estructura política en distritos clave, mientras Macri y su partido corren el riesgo de quedar atrapados en una alianza que los convierta en furgón de cola de un proyecto que no controlan. El tiempo dirá si este pacto se lee como un acto de “responsabilidad histórica” o como una claudicación estratégica que reduce al PRO a simple socio menor del mileísmo.
