29 de mayo de 2026

La industria textil argentina en zona crítica: cierres, concursos y estructura productiva al borde del colapso

En los últimos meses, firmas centenarias, grandes grupos industriales y marcas reconocidas debieron recurrir a concursos preventivos, cierres de plantas y fuertes ajustes ante un escenario que el propio sector define como “insostenible”.

La crisis de la industria textil argentina dejó de ser un fenómeno aislado para transformarse en un proceso de deterioro generalizado que ya compromete a empresas históricas, miles de puestos de trabajo y buena parte del entramado fabril nacional.

Detrás del derrumbe aparecen varios factores que se potencian entre sí: caída abrupta del consumo interno, costos financieros cada vez más difíciles de afrontar, presión impositiva, aumento de tarifas y una creciente apertura importadora que desplaza a la producción local. El resultado es una industria que opera con altos niveles de capacidad ociosa, márgenes negativos y un creciente endeudamiento para sostener gastos corrientes.

Uno de los casos más representativos es el de A. Mutz y Cía, empresa con más de 120 años de trayectoria y propietaria de marcas históricas como Zorba y Mercury. La firma se presentó en concurso preventivo tras admitir la imposibilidad de sostener su estructura financiera. En su presentación judicial señaló que el incremento de importaciones provenientes de China, Brasil y Bangladesh terminó profundizando una competencia desigual frente a costos locales cada vez más elevados. El dato adquiere mayor relevancia si se considera que la compañía había logrado superar crisis severas como la de 2001 y el denominado “Efecto Tequila”.

La situación también golpea a fabricantes que durante años abastecieron a primeras marcas nacionales e internacionales. Fantome Group, proveedor de empresas como Reebok, Kappa y Billabong, denunció en su expediente una “competencia destructiva” derivada del avance importador y de la decisión de muchas marcas de reemplazar producción nacional por mercadería comprada directamente en el exterior. Esa tendencia comenzó a desarticular talleres y cadenas de valor que durante décadas sostuvieron empleo industrial.

El impacto social empieza a sentirse con fuerza. Textilana, fabricante de la marca Mauro Sergio, suspendió a 175 trabajadores antes de ingresar en concurso preventivo, mientras que la cadena de indumentaria infantil Owoko acumula una deuda multimillonaria y ya cerró decenas de locales en distintos puntos del país.

La crisis alcanzó incluso a grupos de gran peso dentro del sector. Hilado SA, integrante del holding TN Platex, también recurrió a una reestructuración judicial en paralelo al cierre de DFAC, un proyecto que buscaba comercializar ropa íntegramente fabricada en Argentina. En tanto, empresas como Amesud reconocen operar apenas con una fracción mínima de su capacidad instalada, una situación inviable para sostener costos y empleo.

En el sector ya no hablan únicamente de una recesión coyuntural, sino de un cambio estructural del modelo económico y comercial. La irrupción de plataformas internacionales de venta directa, el ingreso masivo de productos importados a bajo costo y la pérdida sostenida del poder adquisitivo están modificando el funcionamiento de toda la cadena textil.

Mientras se multiplican los concursos preventivos y las fábricas reducen producción o bajan persianas, crece la preocupación por el futuro de una de las actividades industriales más intensivas en generación de empleo. El temor empresario es que, de mantenerse las actuales condiciones, el proceso derive en un achicamiento permanente de la industria nacional y en una mayor dependencia de productos importados.

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