17 de octubre de 2026

Las aplicaciones como refugio laboral, los ingresos no alcanzan: Rappi suma 500 repartidores por día

El crecimiento de Rappi y de otras aplicaciones refleja tanto la transformación tecnológica de los servicios como las dificultades estructurales del mercado laboral argentino. La pregunta ya no es solamente cuántas personas se suman cada día, sino si esa expansión permite construir una fuente de ingresos sostenible o si termina funcionando como un recurso de emergencia para quienes necesitan llegar a fin de mes.

El avance de las aplicaciones de reparto y transporte refleja una de las transformaciones más visibles del mercado laboral argentino: ante la falta de oportunidades en el empleo registrado, cada vez más personas recurren a plataformas digitales para generar ingresos.

Sin embargo, el crecimiento de la cantidad de trabajadores no se traduce necesariamente en empleos estables ni en una mejora de las condiciones económicas. En Rappi se incorporan alrededor de 500 repartidores por día, pero apenas una minoría considera esta actividad su ocupación principal.

La cantidad de personas que trabajan mediante aplicaciones como Rappi, PedidosYa, Uber, Cabify y DiDi aumentó un 30% en los últimos doce meses, según las cifras consignadas en el informe. La expansión muestra la capacidad de estas plataformas para absorber a quienes buscan una fuente de ingresos en un contexto de dificultades laborales.

Al mismo tiempo, deja al descubierto una contradicción: mientras crece la cantidad de personas que se incorporan al sistema, la actividad no siempre ofrece ingresos suficientes para sostener una jornada completa.

Los datos de las propias empresas permiten dimensionar el fenómeno. Rappi informa que cada día se suman cerca de 500 nuevos repartidores independientes, lo que equivale a unos 15.000 ingresos mensuales. Sin embargo, el volumen de incorporaciones no implica que todos encuentren una fuente de trabajo constante ni que puedan vivir exclusivamente de esta actividad.

Según las compañías, alrededor del 70% de quienes trabajan en las aplicaciones de delivery lo hace durante pocas horas semanales, principalmente para complementar otros ingresos. En Rappi, la dedicación promedio alcanza las 12 horas y 48 minutos por semana, mientras que apenas el 10% de los repartidores considera esta actividad su ocupación principal.

En PedidosYa, por su parte, la empresa señala que el 70% de sus repartidores trabaja unas tres horas diarias. Además, existe una superposición de trabajadores que utilizan distintas aplicaciones, por lo que las cifras de cada plataforma no necesariamente representan a personas diferentes.

Este esquema evidencia que el crecimiento del trabajo mediante aplicaciones debe analizarse con cautela. La cantidad de inscriptos puede aumentar de manera considerable sin que eso signifique una expansión equivalente del empleo efectivo, las horas trabajadas o los ingresos disponibles.

En muchos casos, las plataformas funcionan como una alternativa para completar el presupuesto familiar, más que como una ocupación capaz de garantizar estabilidad económica.

Cuánto puede ganar un repartidor

Los ingresos también plantean interrogantes sobre la viabilidad del delivery como actividad principal. De acuerdo con los datos informados, un repartidor de Rappi obtiene un ingreso promedio mensual de $188.788, con una dedicación de aproximadamente 12,8 horas semanales.

Si se extrapolara ese ingreso de manera proporcional a una jornada de 40 horas semanales, el resultado rondaría los $590.000 mensuales, es decir, cerca de $600.000. Se trata de una estimación teórica, no de un salario garantizado: supone que la remuneración crece en proporción directa con las horas trabajadas y no contempla posibles variaciones en la demanda, los tiempos de espera, los incentivos ni los gastos asociados a la actividad.

La diferencia entre las horas efectivamente trabajadas y los ingresos obtenidos plantea una cuestión central: disponer de una aplicación para trabajar no equivale necesariamente a contar con una ocupación rentable. La posibilidad de conectarse en distintos horarios ofrece flexibilidad, pero no garantiza una cantidad determinada de pedidos ni una remuneración estable.

El perfil de los repartidores también revela una marcada presencia juvenil. En Rappi, el 66% tiene entre 18 y 33 años, mientras que el 21% se ubica en la franja de 34 a 45 años. Para muchos jóvenes, las plataformas representan una vía de ingreso relativamente accesible, aunque las cifras no permiten establecer por sí solas cuánto tiempo permanecen en la actividad ni qué proporción logra convertirla en su principal fuente de sustento.

En el transporte de pasajeros, el panorama presenta algunas diferencias. Según DiDi, se registra un nuevo conductor cada dos minutos. A diferencia de lo que ocurre con el reparto de pedidos, en plataformas como Cabify y DiDi participan numerosos adultos que realizan jornadas más extensas y dependen de esta actividad para sostener sus ingresos.

La información disponible indica que la mayoría de los conductores de Cabify supera los 40 años. En DiDi, los choferes mayores de 60 años realizan, en promedio, 2,5 veces más viajes que el resto de los conductores.

Sin embargo, una mayor cantidad de horas al volante tampoco garantiza una remuneración elevada. Un conductor de Cabify que trabaja unas 60 horas semanales puede obtener alrededor de $800.000 mensuales netos, según la estimación citada. Para calcular ese ingreso deben descontarse gastos como el combustible, el mantenimiento y los demás costos del vehículo, además de la comisión de la plataforma, que ronda el 25%.

En consecuencia, el dinero que queda disponible depende tanto de la demanda como de los costos operativos y del tiempo dedicado a trabajar. A diferencia de un empleo asalariado tradicional, estos trabajadores deben afrontar gastos que pueden reducir de manera significativa sus ingresos efectivos y asumir los períodos en los que no consiguen viajes.

La falta de empleo formal alimenta la expansión de las plataformas

El crecimiento del trabajo mediante aplicaciones se produce en un contexto de deterioro de los indicadores laborales. Según las cifras del INDEC correspondientes al segundo trimestre de 2026, la tasa de desocupación alcanzó el 7,9%, mientras que la informalidad laboral llegó al 45%, de acuerdo con los datos citados en el informe.

A este escenario se suma la evolución de la actividad económica. El Estimador Mensual de Actividad Económica registró en julio una caída del 2,9% respecto del mes anterior y una contracción interanual del 1,4%, según las cifras consignadas.

La combinación de desempleo, informalidad y debilidad económica contribuye a explicar por qué las aplicaciones se convierten en una alternativa para miles de personas. Cuando conseguir un puesto registrado resulta difícil, la posibilidad de comenzar a trabajar con una bicicleta, una motocicleta o un automóvil puede representar una salida inmediata, aunque no necesariamente sostenible en el tiempo.

No obstante, atribuir todo el crecimiento de las plataformas exclusivamente a la crisis económica sería una simplificación.

La flexibilidad horaria y la posibilidad de combinar actividades también pueden resultar atractivas para quienes buscan ingresos complementarios. La cuestión es distinguir entre quienes eligen este sistema como una opción adicional y quienes dependen de él porque no encuentran alternativas laborales.

El avance de las plataformas digitales plantea un debate que va más allá de su capacidad para generar oportunidades de ingreso. Su expansión obliga a examinar la calidad del trabajo que ofrecen, la previsibilidad de las remuneraciones, los costos que recaen sobre los trabajadores y la protección disponible frente a accidentes, enfermedades o períodos de baja demanda.

La incorporación constante de repartidores y conductores demuestra que existe una oferta creciente de personas dispuestas a trabajar. Pero ese dato, por sí solo, no permite concluir que el sector esté creando empleo de calidad ni que los ingresos sean suficientes para cubrir las necesidades de quienes dependen de él.

El desafío consiste en evitar que la flexibilidad se convierta en sinónimo de incertidumbre permanente. Si las aplicaciones continúan expandiéndose mientras el empleo formal pierde capacidad para absorber trabajadores, será necesario evaluar no solo cuántas personas se registran en las plataformas, sino también cuánto ganan realmente, cuántas horas deben trabajar y qué nivel de protección tienen.

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