16 de octubre de 2026

Ledesma profundiza sus pérdidas y uno de los Blaquier avanza con un nuevo polo azucarero en Tucumán

La expansión impulsada por Santiago Blaquier, en tanto, introduce una nueva variable en el mapa azucarero argentino: la consolidación de una estructura industrial que podría competir por volumen, mercados y capacidad de procesamiento en el mismo sector donde opera el grupo familiar histórico.

La histórica compañía agroindustrial Ledesma cerró el ejercicio 2025/26 con un resultado negativo de $18.437 millones y comenzó el nuevo período con señales de mayor deterioro operativo y financiero.

Aunque logró reducir sus pérdidas anuales respecto del ejercicio anterior, la caída de los ingresos, el retroceso del negocio azucarero y el aumento de las dificultades financieras mantienen bajo presión a uno de los principales grupos empresarios del norte argentino.

En paralelo, Santiago Blaquier, integrante de la familia propietaria, impulsa un proyecto industrial propio en Tucumán que podría modificar el mapa de poder del sector.

Al 31 de mayo de 2026, Ledesma registró pérdidas netas por $18.437 millones, frente a los $33.539 millones del ejercicio previo. La reducción del rojo estuvo vinculada con una política de contención de gastos y una disminución de los costos financieros. Sin embargo, esa mejora contable convivió con una contracción de los ingresos del 6,5%, que pasaron de $1.041.045 millones a $973.464 millones.

El contraste revela una dificultad central: la compañía consiguió reducir el impacto de sus pérdidas, pero no logró revertir el retroceso de su facturación. La reducción de gastos puede contribuir a sostener los resultados en el corto plazo, aunque su margen de eficacia es limitado si la actividad comercial no recupera dinamismo y los costos continúan presionando sobre la rentabilidad.

El segmento de Azúcar y Alcohol, uno de los pilares históricos del grupo, concentra buena parte de estas dificultades. La división amplió sus pérdidas de $21.273 millones a $25.961 millones, mientras sus ingresos descendieron de $551.171 millones a $515.304 millones.

El resultado resulta significativo porque la empresa comercializó 477.730 toneladas de azúcar durante el ejercicio, un 7% más que en el período anterior, y destinó 248.200 toneladas a los mercados externos. Es decir, el incremento de los volúmenes vendidos no alcanzó para compensar el deterioro de los precios frente al encarecimiento de los insumos industriales. La situación expone los límites de una estrategia basada en mayores ventas cuando los márgenes del negocio se reducen.

Los indicadores del primer trimestre del ejercicio 2026/27, correspondiente a junio-agosto de 2026, muestran que las tensiones no quedaron atrás. De acuerdo con el balance presentado ante la Comisión Nacional de Valores, los ingresos cayeron un 24%, hasta los $188.416 millones, frente a los $248.051 millones del mismo período del año anterior.

Al mismo tiempo, la pérdida operativa se elevó un 158% y alcanzó los $25.543 millones, frente a los $9.911 millones registrados un año antes. La evolución refleja un deterioro del desempeño del negocio que no puede explicarse únicamente por los resultados financieros.

A esta situación se suma el aumento de los compromisos financieros. Los préstamos bancarios y otras obligaciones alcanzaron los $230.203 millones, mientras que el efectivo y las colocaciones de corto plazo descendieron de $26.330 millones a $9.552 millones al cierre de agosto.

La reducción de los recursos líquidos constituye una señal de presión sobre la capacidad de afrontar obligaciones inmediatas. Si bien estos datos no determinan por sí solos la solvencia futura de la compañía, sí muestran un escenario que exige atención sobre el flujo de fondos, el nivel de endeudamiento y la evolución de la actividad operativa.

El ajuste empresarial y el impacto sobre el empleo

La situación de Ledesma también tiene una dimensión laboral y territorial. Según los datos informados por la compañía al cierre del último ejercicio, el grupo contaba con 5.999 empleados directos y mantenía vínculos con otros 3.386 trabajadores a través de empresas contratistas. Su principal concentración de personal se encuentra en Jujuy, especialmente en Libertador General San Martín, donde la actividad industrial tiene un peso relevante para la economía local.

Durante 2025, la empresa llevó adelante una reestructuración de su plantilla que incluyó la desvinculación de más de 300 trabajadores. En un contexto de caída de ingresos y dificultades para recuperar la rentabilidad, estas decisiones muestran cómo el ajuste de las cuentas empresariales también puede trasladarse al mercado laboral.

La relevancia de Ledesma excede, además, sus resultados financieros. Por su dimensión y su presencia regional, cualquier reducción significativa de la actividad repercute sobre proveedores, contratistas, comercios y otras actividades que dependen directa o indirectamente de la compañía. Por eso, la evolución del grupo constituye también un indicador de las tensiones que atraviesa parte de la economía del norte argentino.

Mientras la empresa histórica de la familia enfrenta este escenario, Santiago Blaquier avanza en un proyecto industrial independiente. Tras dejar su puesto en el directorio de Ledesma en diciembre de 2025, el empresario adquirió el Ingenio Concepción por una cifra cercana a los US$100 millones y negocia la compra del Ingenio La Trinidad, valuada en unos US$40 millones, según la información difundida por Ámbito Financiero.

A través de Ingenios de Tucumán SA, su objetivo es conformar un corredor productivo con una capacidad de molienda anual de 5,5 millones de toneladas de caña de azúcar y alrededor de 1.600 empleos directos. El proyecto se desarrolla en Tucumán, principal núcleo de la actividad cañera del país, donde se concentra más del 60% de la molienda nacional, de acuerdo con los datos consignados en el informe.

La iniciativa abre una nueva etapa en la configuración empresarial del sector. Por un lado, Ledesma busca recomponer sus resultados en medio de una caída de ingresos y mayores exigencias financieras. Por otro, uno de los herederos de la familia propietaria apuesta por ampliar su presencia industrial fuera de la estructura tradicional del grupo.

La diferencia entre ambos movimientos no permite concluir, por sí sola, que el nuevo emprendimiento tendrá mejores resultados. Sí plantea interrogantes sobre las estrategias de inversión, la reorganización de los activos azucareros y la distribución del poder empresario en una actividad atravesada por cambios en los precios, los costos y la demanda.

Las dificultades de Ledesma coinciden con un contexto complejo para la industria azucarera. Según las cifras citadas en el informe, la producción nacional cayó un 11,3% interanual, mientras los precios del mercado interno no acompañaron el incremento de los costos. En Tucumán, la caída de los valores de la caña y la sobreoferta también alimentan la incertidumbre entre productores e industriales.

En este escenario, Ledesma intenta sostener su estructura mediante una combinación de reducción de gastos, exportaciones y reorganización operativa. Sin embargo, los resultados del primer trimestre muestran que ese esfuerzo todavía no se traduce en una mejora del negocio principal.

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