16 de octubre de 2026

Horizonte financiero incierto: más empresas en dificultades y restricciones al crédito

El crecimiento de la morosidad empresarial expone una tensión que atraviesa el actual escenario económico argentino. La estabilización financiera y la recuperación productiva no son objetivos necesariamente incompatibles, pero su articulación exige condiciones que permitan a las empresas volver a generar ingresos, financiar sus operaciones y cumplir con sus obligaciones sin quedar atrapadas en un ciclo de endeudamiento, menor actividad y pérdida de capacidad productiva.

El Score de Riesgo Económico y Financiero (SERF), elaborado por la consultora Fidelitas, registró una caída mensual de 0,6 puntos y se ubicó en 37,7 unidades, dentro de la categoría de riesgo elevado, según el informe.

El componente de riesgo crediticio alcanzó apenas 19 puntos, el registro más bajo entre las dimensiones analizadas. Aunque se informó una reducción del 8,9% en la mora temprana, la evolución general de los indicadores sigue mostrando dificultades para una parte significativa de los deudores.

El deterioro también se refleja en la situación crediticia de personas y empresas. Según los datos presentados, en enero de 2025 había alrededor de 1,8 millones de CUIT en las categorías de riesgo crediticio comprendidas entre las situaciones 2 y 4, mientras que actualmente se registran unos 3,7 millones en situación 5, considerada irrecuperable.

Esta evolución evidencia la profundidad del problema financiero, aunque resulta necesario distinguir entre la cantidad de empresas con irregularidades bancarias y los registros de CUIT correspondientes a las distintas categorías crediticias, ya que no representan necesariamente la misma población.

La dificultad para acceder a financiamiento o refinanciar compromisos puede convertirse en un obstáculo adicional para las compañías que necesitan capital de trabajo. En lugar de destinar recursos a ampliar la producción o incorporar tecnología, muchas deben concentrarse en cubrir vencimientos y evitar que sus deudas sigan acumulándose.

Tasas elevadas

Uno de los principales dilemas de la política económica consiste en compatibilizar la estabilización monetaria con la recuperación de la producción. Las tasas de interés reales positivas pueden contribuir a incentivar el ahorro en pesos y moderar la demanda de dólares, pero también encarecen los préstamos y elevan el costo de financiar el funcionamiento cotidiano de una empresa.

Cuando el crédito resulta demasiado costoso o difícil de conseguir, los proyectos de inversión pierden atractivo, las familias restringen sus compras y las empresas encuentran mayores dificultades para sostener sus ventas. Este mecanismo puede prolongar la debilidad económica, especialmente entre las pequeñas y medianas compañías, que suelen tener menos alternativas de financiamiento que las grandes firmas.

Félix El Idd, CEO de Fidelitas, advirtió sobre esta tensión y sostuvo que las herramientas monetarias orientadas a estabilizar la economía también pueden profundizar las dificultades financieras de empresas y familias. En su análisis, la recuperación del crédito constituye una condición importante para reactivar la actividad.

La discusión, por lo tanto, no se limita a determinar si las tasas deben subir o bajar, sino a evaluar cómo se distribuyen los costos de la estabilización y cuánto tiempo pueden sostener las empresas una situación de financiamiento restrictivo sin reducir sus operaciones.

Los componentes del SERF muestran un escenario heterogéneo. El indicador vinculado con la actividad económica se ubicó en 51,2 puntos, condicionado por la caída interanual del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) correspondiente a julio y por las contracciones de la industria manufacturera y la construcción. En contraste, la minería mostró un desempeño positivo durante agosto.

Por su parte, el componente financiero y de precios alcanzó los 54,9 puntos, favorecido por una reducción del diferencial entre las tasas de los préstamos personales y las de los depósitos. El comercio exterior presentó el mejor resultado entre las dimensiones analizadas, con 72,8 puntos, respaldado por el superávit comercial de agosto.

Sin embargo, un saldo comercial positivo no implica automáticamente una mejora generalizada de la economía. El resultado externo debe analizarse junto con la evolución de la producción, las importaciones, el consumo y la inversión. Si el superávit coincide con una demanda interna debilitada y una actividad industrial en retroceso, su impacto sobre el empleo y el mercado interno puede ser limitado.

La coexistencia de indicadores favorables en determinados segmentos con un aumento de la morosidad empresarial muestra que la estabilidad de algunas variables macroeconómicas no necesariamente se traduce en una mejora inmediata de la situación financiera de las compañías.

Dólares, deuda y un horizonte financiero incierto

A las dificultades del sector productivo se suma la incertidumbre sobre las necesidades de divisas y los compromisos financieros del Estado. Según cifras atribuidas a la agencia Noticias Argentinas, la demanda privada de dólares para dolarización de activos y pago de dividendos ronda los 2.500 millones de dólares mensuales. A su vez, los vencimientos de deuda soberana previstos para 2027 alcanzarían aproximadamente los 25.000 millones de dólares entre capital e intereses.

El escenario también está condicionado por los rendimientos de los bonos con vencimiento en 2028, superiores al 20%, y un riesgo país por encima de los 550 puntos, de acuerdo con los datos proporcionados. Estos indicadores reflejan las condiciones de financiamiento y las dudas que enfrentan los mercados respecto de la refinanciación de los compromisos y la disponibilidad de reservas.

La presión sobre las divisas puede limitar las alternativas de política económica, mientras que las dificultades de financiamiento privado restringen la capacidad de inversión de las empresas. En ese contexto, el desafío consiste en evitar que las necesidades de estabilización y cumplimiento de los compromisos financieros terminen prolongando el estancamiento de la actividad productiva.

El aumento de la morosidad empresarial constituye una advertencia sobre la fragilidad financiera de una parte del sector privado. Detrás de cada deuda impaga puede haber problemas de liquidez, ventas insuficientes, costos financieros elevados o una combinación de estos factores. Sus consecuencias potenciales incluyen la postergación de inversiones, la reducción de la producción y mayores dificultades para sostener los puestos de trabajo.

El costo de la crisis sobre las empresas y el empleo

La evolución de las casi 59.000 empresas con irregularidades bancarias plantea una pregunta central para la política económica: ¿en qué medida la estabilización de las variables monetarias puede consolidarse si una parte del aparato productivo no logra recuperar su capacidad de pago y financiamiento?

La respuesta requiere observar no solo la inflación, el tipo de cambio o el resultado comercial, sino también el acceso al crédito, la evolución de las ventas, la inversión y el empleo. La mejora de algunos indicadores macroeconómicos constituye una señal relevante, pero no basta por sí sola para demostrar una recuperación sostenida.

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