22 de abril de 2026

La inteligencia artificial generativa pone en jaque al 25 % de los empleos

La transición digital ya comenzó. La pregunta es si la política estará a la altura para que el futuro del trabajo no se convierta en un privilegio para pocos.

Un informe conjunto de la OIT y un instituto polaco expone los riesgos de la automatización en sectores administrativos y femeninos, y plantea la necesidad urgente de políticas públicas inclusivas para evitar que la revolución tecnológica profundice las desigualdades laborales.

La inteligencia artificial generativa (IA generativa) ya no es una promesa futurista, sino una realidad que está redefiniendo el presente del trabajo. Según un informe publicado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el Instituto Nacional de Investigación de Polonia (NASK), uno de cada cuatro empleos a nivel global se encuentra potencialmente expuesto a esta nueva tecnología. Sin embargo, más que una amenaza directa de destrucción masiva de puestos laborales, lo que está en juego es una transformación profunda de las tareas y funciones en múltiples ocupaciones.

¿Revolución o precarización silenciosa?
El informe, titulado “La IA generativa y los empleos: un índice global refinado de exposición ocupacional”, ofrece una radiografía precisa del impacto de la IA generativa en el mercado laboral. La mayor exposición se encuentra en puestos administrativos, debido a la facilidad con la que tareas repetitivas como gestión de datos, redacción de documentos y organización de agendas pueden ser automatizadas.

Pero el estudio va más allá: advierte que el impacto no será equitativo. En los países desarrollados, el 9,6 % del empleo femenino se encuentra en ocupaciones de alto riesgo, frente a sólo el 3,5 % de los hombres. Esta brecha de género refleja una tendencia preocupante: la automatización podría profundizar desigualdades estructurales, especialmente en economías con baja capacidad de respuesta institucional.

Además, sectores como medios de comunicación, finanzas, servicios de software y atención al cliente muestran alta vulnerabilidad. Si bien se reconoce que muchas tareas aún requieren intervención humana, la erosión progresiva de funciones específicas podría debilitar la calidad del empleo, aumentar la rotación laboral y fomentar formas de subempleo o terciarización tecnificada.

El rol clave de los Estados
Frente a este escenario, el informe señala que el impacto final de la IA dependerá menos de la tecnología en sí que de la capacidad de los gobiernos para gestionar la transición. La OIT y NASK hacen un llamado a los Estados a adoptar políticas activas de reconversión laboral, formación continua y protección social, orientadas especialmente a los sectores más vulnerables.

La advertencia no es menor: sin una respuesta regulatoria adecuada, la IA generativa podría convertirse en una herramienta de concentración de poder económico y debilitamiento de los derechos laborales. La ausencia de marcos normativos permitiría que las decisiones de automatización queden en manos de grandes corporaciones tecnológicas, sin contrapesos ni obligaciones sociales claras.

Por eso, el informe propone fortalecer el diálogo social tripartito entre gobiernos, empleadores y trabajadores, así como diseñar estrategias inclusivas y sostenibles que pongan en el centro la mejora de la calidad del empleo, y no solo la eficiencia operativa.

¿Tecnología con justicia social?
Este estudio es apenas el primero de una serie que buscará profundizar el análisis de la IA generativa en distintos contextos nacionales. Pero deja una advertencia clara: no hay neutralidad tecnológica. La forma en que las sociedades enfrenten esta revolución determinará si se trata de una herramienta de progreso o de precarización.

En un mundo atravesado por la desigualdad, la automatización masiva sin regulaciones podría ser el catalizador de nuevas formas de exclusión laboral. La clave no será evitar la tecnología, sino democratizar su uso y garantizar que la innovación no sea sinónimo de desprotección.

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