Pobreza infantil: según informe de la UCA, más del 50% de los niños argentinos son pobres
En este escenario, los datos obligan a una lectura más profunda: la baja reciente en los índices no alcanza para hablar de una mejora estructural. La pobreza infantil en la Argentina no solo persiste, sino que se manifiesta en múltiples dimensiones —educativa, sanitaria, habitacional y emocional— configurando un escenario donde millones de chicos crecen con derechos vulnerados y oportunidades limitadas.

Un nuevo informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina expone una realidad incómoda: en la Argentina, la pobreza infantil continúa siendo estructural y masiva, incluso en un contexto de leve mejora en los indicadores recientes.
De acuerdo al relevamiento, el 53,6% de los niños y adolescentes no logra cubrir necesidades esenciales vinculadas a la alimentación y a condiciones básicas de vida. Si bien el dato refleja una baja respecto a años anteriores —cuando la pobreza infantil llegó a rozar el 63% al inicio de la gestión de Javier Milei—, el nivel sigue siendo alarmante y deja en evidencia la persistencia de un problema de fondo.
La mejora, explicada en parte por la desaceleración inflacionaria y el refuerzo de ingresos sociales, no alcanza para revertir una tendencia de largo plazo. Desde 2018, los niveles de pobreza infantil se mantienen en valores elevados, con picos superiores al 60% desde 2020. El contraste con 2011 —cuando el indicador cayó al 35,7%— evidencia el deterioro acumulado en más de una década.
Pero el dato de ingresos es solo una cara del problema. El informe revela que el 42% de los chicos pobres vive en viviendas con condiciones sanitarias deficientes, mientras que el 61,2% carece de cobertura de salud formal. A esto se suma una fuerte exclusión en el acceso a bienes culturales y educativos: más del 80% no participa en actividades extracurriculares, apenas la mitad dispone de una computadora y solo el 16% tiene acceso a internet en el hogar.
El impacto también es emocional. Casi uno de cada cinco niños presenta ნიშნos de tristeza o ansiedad, una cifra que se agrava en la adolescencia y afecta especialmente a las mujeres. Estas condiciones no solo reflejan carencias materiales, sino que inciden directamente en el aprendizaje: los chicos con malestar emocional tienen muchas más dificultades para sostener su trayectoria educativa.
El informe también advierte sobre cambios demográficos de largo plazo. La proporción de hogares con menores viene cayendo de forma sostenida y se proyecta que el país quede por debajo de la tasa de reemplazo poblacional en los próximos años, lo que añade una dimensión adicional al problema social.
