Kicillof cuestionó a Milei: “Que agarre la Constitución y lea para qué está un presidente”
En la inauguración de una obra vial, el gobernador bonaerense cargó contra la política de ajuste del Gobierno nacional, criticó el nuevo acuerdo con el FMI y acusó a Javier Milei de incumplir la Constitución.

En un nuevo capítulo del enfrentamiento político entre la provincia de Buenos Aires y el Gobierno nacional, el gobernador Axel Kicillof lanzó duras críticas al presidente Javier Milei durante un acto en Almirante Brown, donde inauguró el viaducto Papa Francisco en la Ruta Provincial N° 4.
En su discurso, Kicillof cuestionó la paralización de la obra pública, el endeudamiento externo y lo que consideró un incumplimiento de las obligaciones constitucionales por parte del Ejecutivo nacional.
“Que agarre la Constitución y lea para qué está un presidente”, expresó el mandatario provincial con tono enfático, en una clara señal de confrontación directa. Según Kicillof, la gestión de Milei no solo abandona funciones básicas del Estado, como garantizar salud, educación y vivienda, sino que además utiliza los recursos nacionales “como si fueran propios”, sin devolver a las provincias lo que les corresponde.
El eje de la crítica estuvo puesto en el nuevo acuerdo entre el Gobierno nacional y el Fondo Monetario Internacional por un préstamo de 20.000 millones de dólares. Para Kicillof, ese endeudamiento refuerza una política de ajuste regresiva y desconectada de las necesidades sociales. “Nos dicen que no hay plata para obras, pero acaban de pedir 20 mil millones al FMI. ¿Dónde están esos dólares? Porque no se usan para escuelas, viviendas ni rutas”, cuestionó, apuntando a lo que considera una reasignación arbitraria de los fondos públicos.
Desde la perspectiva del gobernador, la decisión de paralizar la obra pública constituye no solo una estrategia económica discutible, sino también una falta grave de responsabilidad institucional. “Es una decisión cruel, cargada de falta de humanidad y basada en mentiras”, afirmó, sumándose a una narrativa crítica que plantea que el Gobierno nacional promueve una ideología de mercado sin atender los efectos sociales de sus medidas.
El discurso de Kicillof, enmarcado en un acto de gestión concreta con impacto local, también funcionó como una plataforma de campaña de cara a las elecciones legislativas del 7 de septiembre en la provincia de Buenos Aires. Convocó a la ciudadanía a expresar en las urnas su rechazo a las políticas nacionales y a exigir el cumplimiento del federalismo fiscal. “La plata que se llevan no es para sus caprichos ni para seguir un dogma, sino para garantizar derechos que están en la Constitución”, sentenció.
En términos políticos, el mensaje de Kicillof marca una estrategia clara: confrontar el modelo libertario desde el rol activo del Estado en la obra pública, la protección social y el desarrollo económico, buscando consolidarse como figura opositora con capacidad de gestión y discurso institucional.
Esta intervención se suma a una serie de apariciones públicas de dirigentes opositores que, ante el avance del ajuste, buscan reactivar la disputa política en torno al rol del Estado. En ese contexto, Kicillof no solo denuncia las decisiones de Milei, sino que reivindica una concepción de gobierno que pone en el centro el bienestar colectivo y la responsabilidad constitucional del Ejecutivo nacional.
La tensión entre Nación y Provincia crece, y con ella, el debate sobre el modelo de país. El gobernador bonaerense pone sobre la mesa una pregunta central: ¿puede un gobierno que reduce al mínimo su presencia territorial, recorta derechos y centraliza recursos en función de una ideología, sostener el pacto federal y democrático? En ese interrogante se juega buena parte del futuro político argentino.
