Irán coloca al frente de la Guardia Revolucionaria a Ahmad Vahidi, acusado por el atentado a la AMIA
El nombramiento fue difundido por la agencia estatal Mehr y se produce tras la muerte del anterior jefe de la fuerza, Mohamad Pakpur, en el marco de los recientes bombardeos atribuidos a Estados Unidos y Israel sobre territorio iraní. La ofensiva también dejó fuera de escena a otras figuras clave del aparato de defensa, lo que obligó a Teherán a reconfigurar rápidamente su cúpula castrense.

En medio de una profunda crisis institucional y militar, Irán designó al general de brigada Ahmad Vahidi como nuevo comandante en jefe del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, una decisión que proyecta fuertes repercusiones internacionales debido a las acusaciones que pesan sobre el militar por el atentado contra la AMIA en 1994.
Vahidi no es un nombre nuevo dentro del esquema de poder iraní. Con trayectoria en cargos estratégicos, su perfil está asociado a la línea dura del régimen. Sin embargo, su designación cobra una dimensión particular por las alertas rojas de Interpol y los pedidos de captura internacional vigentes en su contra, en el marco de la causa por la voladura de la mutual judía en Buenos Aires, que dejó 85 muertos y centenares de heridos.
Desde una perspectiva política, la decisión parece enviar un mensaje doble. En el plano interno, refuerza la cohesión del ala militar en un momento de vulnerabilidad tras la pérdida de altos mandos y del líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei. En el plano externo, implica una reafirmación de la autonomía estratégica del régimen frente a la presión internacional, aun cuando ello profundice tensiones diplomáticas, en particular con Argentina y con los países que respaldan las órdenes de captura.
La reestructuración del mando militar no solo responde a una necesidad operativa tras los ataques sufridos, sino que también consolida a la Guardia Revolucionaria como eje central del poder en un contexto de inestabilidad.
En ese marco, la elección de Vahidi no parece orientada a moderar el perfil del régimen, sino a blindar su núcleo duro en una coyuntura de confrontación abierta y creciente aislamiento.
