Hipocresía empresarial: tras la muerte de un operario en su planta, el presidente de la UIA pidió más reforma laboral
¿Reforma laboral para qué y para quién? Esa es la pregunta que queda flotando luego de una semana en la que el trabajo volvió a ser noticia, no por nuevos empleos ni por mejoras, sino por una muerte evitable y un empresariado que exige más facilidades para contratar, sin siquiera garantizar condiciones dignas para vivir.

En una preocupante muestra de desconexión con la realidad laboral que viven miles de trabajadores argentinos, el flamante presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Martín Rappallini, aprovechó el Día del Trabajador para insistir con la necesidad de una reforma laboral.
Lo hizo apenas 24 horas después de que un operario muriera en una de las fábricas de su propiedad, bajo circunstancias que revelan posibles negligencias empresariales.
«Tenemos que generar incentivos para contratar personal, y hoy sucede lo contrario», declaró Rappallini en diálogo con Infobae, sin aludir en ningún momento al fallecimiento ocurrido en la planta salteña de Cerámica Alberdi, empresa que él mismo dirige. El operario, de nacionalidad brasileña, murió en el sector de molienda mientras realizaba tareas tercerizadas. Según fuentes policiales, el trabajador —de apellido Reyes— quedó atrapado en los molinos y su cuerpo permaneció horas en el lugar.
Lejos de tratarse de un hecho aislado, se trata del tercer accidente laboral en plantas de Cerámica Alberdi en los últimos meses, aunque el primero con saldo fatal. Lo más alarmante, sin embargo, fueron las declaraciones del delegado del Sindicato de Obreros de la Industria Cerámica (SOIC), Sebastián Pineda, quien aseguró que la empresa pretendía continuar la producción con el cuerpo del trabajador aún atrapado en la maquinaria.
«Querían seguir produciendo con el cuerpo del compañero en la máquina de molienda», denunció con crudeza Pineda en AM750. «Tuvimos que parar la planta nosotros, porque Recursos Humanos solo quería detener la sección afectada. El resto debía seguir funcionando como si nada», agregó, en un relato que pinta de cuerpo entero una cultura empresarial más interesada en los balances que en las vidas humanas.
En este contexto, el llamado de Rappallini a revisar “convenios de los años 70” y a reducir “mecanismos que desincentivan el empleo formal” suena no solo inoportuno, sino provocador. La tragedia reciente en su propia empresa muestra que el problema del mercado laboral argentino no son precisamente los derechos laborales, sino la falta de cumplimiento efectivo de normas de seguridad y la precarización a través de la tercerización.
Que quien encabeza la principal organización industrial del país —y que a su vez es dueño de una empresa con múltiples accidentes laborales recientes— sea la cara visible de la presión para flexibilizar las leyes laborales, resulta una señal preocupante para cualquier trabajador.
