18 de julio de 2026

La Textil Amesud enfrenta ventas en mínimos históricos y entra en concurso preventivo

La empresa Textil Amesud, histórica fabricante de tejidos de punto del conurbano bonaerense, solicitó la apertura de un concurso preventivo en medio de una profunda crisis que afecta a gran parte de la industria textil argentina.

La compañía, fundada por el empresario coreano Yeal Kim, atraviesa una fuerte caída de ventas, trabaja con menos de un tercio de su capacidad instalada y enfrenta crecientes dificultades para sostener su estructura productiva.

El caso de Amesud se convirtió en un nuevo reflejo del deterioro que atraviesa el sector manufacturero nacional, golpeado por la caída del consumo interno, el aumento de los costos y el avance de productos importados que ingresan al mercado local con menores precios.

Según explicaron desde la firma, el desplome de la actividad comenzó a profundizarse cuando grandes marcas dejaron de comprar producción nacional para reemplazarla por mercadería importada, principalmente a través de plataformas internacionales como Shein y Temu.

Actualmente, la empresa opera apenas entre el 20% y el 30% de su capacidad y registra una baja de ventas cercana al 70% en comparación con los niveles de hace tres años. Para Yeal Kim, sostener una industria con semejante nivel de capacidad ociosa se vuelve prácticamente inviable. La situación ya provocó una fuerte reducción del personal: en los últimos años, la plantilla pasó de 430 a 250 trabajadores, mientras que la producción mensual cayó de 700 toneladas en 2018 a apenas 150 toneladas en 2025.

El escenario de Amesud no es aislado. Datos de la Fundación Pro Tejer muestran que la industria textil atraviesa uno de sus peores momentos en décadas. Durante los primeros meses de 2026, siete de cada diez máquinas del sector permanecieron paralizadas y la producción registró fuertes caídas tanto en textiles como en indumentaria, cuero y calzado.

Detrás del deterioro aparece una combinación de factores estructurales y coyunturales. Por un lado, la pérdida de poder adquisitivo redujo drásticamente el consumo de productos considerados no esenciales, como ropa y textiles para el hogar. Por otro, la flexibilización de controles aduaneros y el crecimiento de las importaciones generaron una competencia que empresarios locales califican como desigual.

Según cifras de Pro Tejer, durante 2025 las importaciones de prendas y artículos textiles crecieron un 185% en volumen. Desde la entidad advierten que muchas empresas nacionales no pueden competir frente a productos extranjeros que ingresan con menores costos y sin las mismas cargas tributarias ni laborales que afronta la producción local.

A esto se suma una presión fiscal que el sector considera asfixiante. Empresarios textiles sostienen que cerca de la mitad del precio final de una prenda comercializada en un shopping corresponde a impuestos, lo que encarece la producción nacional y debilita aún más la competitividad frente a los productos importados.

En ese contexto, el concurso preventivo de Amesud expone una preocupación creciente dentro de la industria: el riesgo de un proceso acelerado de desindustrialización y pérdida de empleo en sectores históricamente intensivos en mano de obra. Mientras las empresas buscan sobrevivir reduciendo producción, personal y costos operativos, el sector reclama medidas urgentes para evitar nuevos cierres y sostener la actividad manufacturera nacional.

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