«Agradezcan que seguimos pagando salarios»: el insólito mensaje del presidente del CONICET en plena crisis científica
Que quien dirige el principal organismo científico del país diga “agradezcan que seguimos pagando salarios” no es solo una torpeza: es una confesión de desprecio por la ciencia, por el trabajo y por la soberanía intelectual de la Nación.

Mientras el sistema científico argentino atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia, el presidente del CONICET, Daniel Salamone, eligió lanzar una frase que sintetiza con brutal claridad el desprecio con el que el actual gobierno trata a la comunidad investigadora.
“Agradezcan que seguimos pagando salarios”, fue la expresión que, según numerosos testigos, Salamone pronunció frente a 180 investigadores durante una reunión interna, marcando un antes y un después en el vínculo entre la conducción del organismo y quienes lo sostienen con su trabajo cotidiano.
La frase no fue una provocación aislada. En línea con el discurso del presidente Javier Milei —quien ha llamado “casta” y “canallas” a los científicos— Salamone se dirigió a los trabajadores del CONICET como si fueran una carga para el Estado, no los protagonistas de un sistema de ciencia y tecnología que supo ser orgullo nacional y referencia regional.
Crisis estructural y desfinanciamiento
El contexto no puede ser más grave: sin nuevos ingresos a la carrera de investigador, sin aumento real de becas, con recortes de hasta 35% en el presupuesto del organismo y la paralización de proyectos estratégicos como el CAREM, ARSAT-SG1 o RA-10, la ciencia argentina está siendo desmantelada a una velocidad alarmante. En 2025, la inversión pública en ciencia y tecnología caerá a un histórico 0,154% del PBI, pulverizando incluso lo que establece la ley vigente, que exige una meta de al menos el 1% del PBI.
Y mientras los laboratorios carecen de insumos, los salarios pierden contra la inflación y cientos de jóvenes doctores emigran ante la falta de oportunidades, las autoridades del CONICET parecen más preocupadas por transmitir —sin filtro ni empatía— las órdenes de ajuste dictadas desde la Jefatura de Gabinete.
Encuentros vacíos, respuestas de ajuste
La reunión de la semana pasada entre autoridades del CONICET y los 17 directores de los Centros Científico-Tecnológicos (CCT) fue presentada con un comunicado tan insulso como preocupante: sin cuestionamientos, sin reclamos firmes, sin siquiera reflejar la magnitud del retroceso que atraviesa el sistema científico nacional. Fuentes internas calificaron el texto como “incomprensible” y señalaron que “parece escrito por quienes están desmantelando el sistema, no por quienes deberían defenderlo”.
Y es que las respuestas oficiales no dejaron lugar a dudas: todos los compromisos están «sujetos a disponibilidad presupuestaria», una forma elegante de decir que no habrá avances y que lo poco que se conserve será por decisión política, no por planificación institucional.
Un presidente ausente, una comunidad en pie
Lejos de ofrecer respuestas, Salamone viene esquivando a los científicos en sus recorridas por el interior del país. En varias provincias fue recibido con reclamos y repudio, al punto que en su última gira a Santiago del Estero fue reemplazado por su vice, Claudia Capurro, para evitar confrontaciones.
La respuesta de la comunidad científica fue contundente. Más allá de comunicados diplomáticos, en los institutos, en las aulas, en las redes sociales y en los medios, los investigadores están levantando la voz ante una conducción que parece más interesada en ejecutar el ajuste que en defender la ciencia.
En el marco del Día del Trabajador, la frase de Salamone resuena con más fuerza: en lugar de reconocer el valor del conocimiento y el esfuerzo de miles de trabajadores de la ciencia, el presidente del CONICET eligió denigrarlos, como si su sueldo fuera una dádiva y no el fruto de un compromiso de Estado con el desarrollo y la soberanía nacional.
El futuro, en peligro
El vaciamiento del CONICET no es solo un ataque al presente de la comunidad científica: es una amenaza directa al futuro del país. En un mundo donde el conocimiento define el desarrollo, Argentina está decidiendo retroceder, desfinanciar sus capacidades estratégicas y expulsar a sus talentos.
