Fuerte crítica desde la ONU al alineamiento de Milei con EE.UU. e Israel
El país, que supo construir prestigio internacional a partir de su compromiso con la memoria, la verdad y la justicia, enfrenta ahora un escenario en el que ese capital histórico aparece erosionado por decisiones que, según advierten desde la ONU, lo alejan de los principios que alguna vez defendió.

La política exterior del gobierno de Javier Milei volvió a quedar bajo la lupa internacional tras las duras declaraciones de Francesca Albanese, Relatora Especial de Naciones Unidas para los Territorios Palestinos Ocupados.
En una entrevista reciente, la funcionaria de la ONU cuestionó el giro de Argentina en foros multilaterales y calificó el actual alineamiento con Estados Unidos e Israel como una renuncia a los principios de justicia internacional que históricamente distinguieron al país.
Albanese, reconocida a nivel global por su labor en defensa de los derechos humanos y por sus informes sobre la situación en Palestina, expresó su sorpresa ante el cambio de postura argentina.
Según planteó, resulta especialmente llamativo que un país atravesado por una historia de terrorismo de Estado y violaciones sistemáticas a los derechos humanos haya decidido abandonar una tradición diplomática basada en la defensa del derecho internacional y de los pueblos oprimidos.
Desde la asunción de Milei, Argentina ha acompañado de manera casi automática las posiciones de Washington y del gobierno israelí en las votaciones de la ONU. Este comportamiento no solo implica una redefinición de alianzas geopolíticas, sino también un quiebre con una política exterior que, desde el retorno de la democracia, fue reconocida por su compromiso con los derechos humanos, consolidado simbólicamente a partir del Juicio a las Juntas y sostenido en el ámbito multilateral durante décadas.
La Relatora advirtió que este viraje no es un fenómeno aislado, sino parte de una tendencia más amplia de gobiernos que se desplazan hacia la derecha y adoptan discursos que relativizan el derecho internacional. En el caso argentino, esta inclinación se traduce en un mayor acercamiento al actual gobierno israelí, al que Albanese definió como el más grave en términos de violaciones a los derechos humanos, con causas abiertas en la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra y de lesa humanidad.
Las votaciones recientes refuerzan estas críticas. Argentina se opuso a resoluciones orientadas a prevenir la tortura, promover un alto el fuego en Gaza, denunciar el uso del hambre como método de guerra y respaldar la solución de dos Estados, iniciativas que contaron con un amplio consenso internacional. En la mayoría de estos casos, el país quedó alineado con un grupo muy reducido de naciones, generalmente encabezado por Estados Unidos e Israel, lo que profundiza su aislamiento respecto de la mayoría de la comunidad internacional.
Incluso más allá del conflicto palestino-israelí, el gobierno argentino adoptó posiciones inéditas, como votar en soledad contra una resolución para prevenir la violencia contra mujeres y niñas. Estas decisiones refuerzan la percepción de que el alineamiento actual no responde únicamente a una estrategia diplomática puntual, sino a una redefinición ideológica que relativiza consensos básicos en materia de derechos humanos.
Desde esta perspectiva, las críticas de Albanese no se limitan a una diferencia de opiniones, sino que ponen en cuestión el costo político y simbólico de la nueva política exterior argentina.
