8 de agosto de 2026

Felipe VI admitió excesos durante la conquista de América y reabre el debate histórico entre España y México

Sus declaraciones se dieron en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, durante una visita a la exposición La mitad del mundo. La mujer en el México indígena, organizada de manera conjunta por instituciones culturales de España y México.

En un contexto de tensiones diplomáticas aún latentes con México, el rey de España, Felipe VI, reconoció públicamente que durante el proceso de conquista y colonización de América se produjeron “muchos abusos” y que el ejercicio del poder en aquella etapa estuvo atravesado por dilemas éticos y morales.

El comentario surgió en una conversación con el embajador mexicano en España, Quirino Ordaz Coppel, registrada en un video difundido posteriormente por la Casa Real.

Allí, el monarca señaló que, si bien desde la Corona española se promovieron marcos normativos como las Leyes de Indias con la intención de proteger a los pueblos originarios, la realidad histórica demostró que esas disposiciones no siempre se cumplieron y que, en la práctica, abundaron los abusos.

Felipe VI planteó que el estudio de ese pasado debe servir para comprender la complejidad de la historia compartida entre ambos lados del Atlántico. Según expresó, el mestizaje cultural surgido de aquel proceso constituye hoy un rasgo central de la identidad iberoamericana, aunque también implica enfrentar episodios que, analizados con los valores actuales, difícilmente puedan generar orgullo.

El monarca advirtió además sobre el riesgo de interpretar el pasado exclusivamente con parámetros contemporáneos, una postura que en el debate historiográfico suele describirse como “presentismo”. A su juicio, conocer el contexto histórico resulta clave para evaluar los hechos sin simplificaciones.

Las palabras del rey se producen en medio de un prolongado desencuentro político entre España y México. Desde 2019, el entonces presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, reclamó que la Corona española ofreciera disculpas formales por los abusos cometidos durante la conquista.

Ese planteo fue retomado luego por la actual mandataria mexicana, Claudia Sheinbaum, quien incluso evitó invitar a Felipe VI a su ceremonia de asunción, profundizando el enfriamiento diplomático entre ambos países.

En paralelo, el gobierno español ha intentado en los últimos meses abrir un canal de distensión. El canciller José Manuel Albares reconoció públicamente los “claroscuros” de la historia compartida y expresó pesar por las injusticias sufridas por los pueblos originarios, un gesto que desde México fue interpretado como un posible primer paso hacia la normalización del vínculo.

Este acercamiento cobra relevancia en un momento en que España se prepara para albergar una nueva edición de la Cumbre Iberoamericana, prevista para noviembre, con la intención de revitalizar un foro regional que en los últimos años ha visto disminuir la participación de líderes latinoamericanos.

En ese escenario, el reconocimiento de las sombras del pasado aparece también como una herramienta diplomática para recomponer puentes políticos e históricos entre ambas orillas del Atlántico.

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