6 de julio de 2026

En la era Milei, la nafta aumentó un 18% en lo que va de marzo y acumula un 514,8%

El precio de los combustibles continúa mostrando una dinámica de incrementos sostenidos que, lejos de moderarse, se intensifican en el inicio de 2026. En particular, la nafta Súper —referencia central del mercado— registró en marzo un aumento cercano al 18,8% respecto del mes anterior, lo que evidencia una aceleración en la actualización de precios en surtidores.

El salto mensual se explica al comparar los valores: en febrero de 2026 el litro se ubicaba en $1609, mientras que en marzo ascendió a $1912, consignó el portal de noticias Minutouno. Este movimiento no solo impacta de manera directa en el gasto cotidiano de los consumidores, sino que además refuerza presiones inflacionarias en distintos sectores de la economía, dado el rol transversal del combustible en la estructura de costos del transporte y la producción.

En el análisis del primer trimestre de 2026, el incremento acumulado alcanza aproximadamente el 22%, tomando como referencia el valor de enero ($1566). Esta tendencia sugiere que los ajustes mensuales están consolidándose como un mecanismo recurrente de actualización, en un contexto de precios que buscan alinearse con variables macroeconómicas y expectativas del mercado.

Si se amplía la perspectiva al año 2025, el aumento anual fue del 42,8%, al pasar de $1128 en enero a $1611 en diciembre. Sin embargo, el ritmo observado en 2026 indica una mayor intensidad en los ajustes en un período mucho más corto, lo que plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del esquema de precios y su traslado al resto de la economía.

El contraste más significativo surge al comparar con noviembre de 2023, previo a la asunción del actual gobierno de Javier Milei. En ese momento, el litro de nafta Súper costaba $311, mientras que en marzo de 2026 alcanza los $1912. Esto implica una variación nominal superior a los $1600 por litro y un incremento acumulado del 514,8% en menos de dos años y medio.

Este aumento sostenido no solo refleja cambios en la política de precios relativos, sino que también expone tensiones estructurales en el mercado energético y en la capacidad de los ingresos reales para acompañar el ritmo de los precios. En este contexto, el combustible deja de ser únicamente un insumo energético para convertirse en un factor clave de presión sobre el poder adquisitivo y la competitividad económica general.

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