«En el sector textil hoy no se vende nada, ni nacional ni importado»
El empresario señaló que, en un contexto de economía globalizada, la demanda es el factor que más afecta los precios y la rentabilidad del sector, y criticó la política de reducción de impuestos a los productos importados, que considera profundiza la crisis en el entramado productivo nacional. «La reducción de impuestos a las importaciones solo agrava la situación», afirmó.

El presidente de la Fundación Pro Tejer, Luciano Galfione, expresó su profunda preocupación por la situación del sector textil en Argentina, calificándola como una crisis sin precedentes.
En diálogo con Infobae, Galfione afirmó que «hoy no se vende nada, ni nacional ni importado», y atribuyó el derrumbe de la actividad a la significativa pérdida de poder adquisitivo de la población, un factor que, en su opinión, impacta aún más que los costos internos o la competencia externa.
Los datos que respaldan esta gravedad son alarmantes. Según Galfione, la producción textil en Argentina cayó más del 30%, y actualmente «siete de cada diez máquinas están paradas». Además, las importaciones aumentaron más del 80% en comparación con el año anterior, mientras que el sector perdió un 18% de su empleo total y cerraron más de 800 pymes, muchas de ellas con entre 20 y 40 empleados.
«Con estos números, es imposible que el sector funcione, y mucho menos que funcione la economía argentina», advirtió, alertando sobre un círculo vicioso que podría traducirse en más desempleo, pobreza y deterioro del bienestar social.
Frente a las propuestas oficiales de reconversión productiva, Galfione fue categórico: «Es mentira que no se puedan hacer cambios. En ningún país del mundo, especialmente en los desarrollados, hay sectores inviables. Lo que sí hay son políticas inviables». Como ejemplo, citó el éxito del sector de la economía del conocimiento, que gracias a una ley de promoción logra pagar menos impuestos y ha logrado crecer. «Esa política se podría replicar en toda la producción para ganar competitividad», propuso, rechazando la idea de reemplazar la producción nacional por importaciones como una solución efectiva.
Por otro lado, Galfione destacó la fortaleza tecnológica del sector textil argentino, recordando que hasta 2023 se invirtieron más de 1.400 millones de dólares en equipamiento de última generación. «Decir que no podemos competir desde el punto de vista tecnológico es no conocer la realidad del entramado productivo argentino. Contamos con maquinaria e índices de productividad de clase mundial», afirmó. Sin embargo, señaló que los principales obstáculos no son tecnológicos, sino macroeconómicos, que afectan a toda la economía argentina y están fuera del control de los empresarios.
En relación al recorte en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), el dirigente alertó que los despidos y la reducción de recursos ya afectan la capacidad del organismo para realizar ensayos clave en seguridad y calidad, lo que obliga a las empresas a recurrir a laboratorios privados más costosos y con mayores demoras. Esto, advirtió, pone en riesgo tanto la producción como las exportaciones del país. «El INTI es fundamental para certificar y resguardar los patrones de medida del país», subrayó.
Finalmente, Galfione expresó su pesimismo respecto a las perspectivas a corto plazo si no se implementan medidas que impulsen el consumo y el acceso al crédito en Argentina. «De no mediar ninguna acción, seguirán cerrando empresas, perdiendo empleos y dañando el entramado productivo nacional», advirtió. La principal preocupación del sector, agregó, es la profunda caída del poder adquisitivo de la sociedad, que lleva a las familias a endeudarse y a reducir su consumo.
El dirigente cuestionó además la apertura importadora sin restricciones y la falta de políticas que permitan competir en igualdad de condiciones. «Los productos industriales están fagocitados por una facilitación enorme a las importaciones que no ofrece ninguna contrapartida para quienes generan empleo y riqueza en el país», concluyó.
