Empleados pobres: la mitad de los trabajadores del agro, construcción y el servicio doméstico no superan la línea de pobreza
En este contexto, el debate no puede limitarse al crecimiento económico. La calidad del empleo, la redistribución del ingreso y el fortalecimiento del salario mínimo vuelven al centro de la escena. Porque si más de uno de cada cuatro trabajadores argentinos es pobre, la promesa de movilidad social que alguna vez ofreció el empleo formal está en suspenso. Y sin ella, la cohesión social queda gravemente comprometida.

En la Argentina de 2025, tener trabajo ya no garantiza salir de la pobreza. Así lo revela un informe de Agendata, la base de datos de la organización Fundar, que muestra con crudeza una de las caras más opacas del mercado laboral: más del 28% de los trabajadores ocupados en el país son pobres.
En algunos sectores, la situación es aún más dramática: más de la mitad de quienes tienen empleo en el agro, la construcción y el servicio doméstico no logran cubrir una canasta básica.
Los datos, basados en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC, exponen un fenómeno estructural: la precarización del trabajo como norma en ciertas actividades. El sector agropecuario y pesquero encabeza el ránking con un 56% de empleados pobres, seguido de cerca por el servicio doméstico (54,4%) y la construcción (53,3%). En todos los casos, se trata de actividades atravesadas por informalidad, estacionalidad, bajos salarios y escasa regulación efectiva.
“Hoy en la Argentina, trabajar no alcanza. Tenemos una economía dual donde algunos sectores compiten con estándares internacionales y otros sobreviven con salarios de miseria”, explica el sociólogo Daniel Schteingart, miembro de Fundar. La brecha es evidente: mientras que en sectores como finanzas y petróleo la pobreza laboral es casi nula (4,7% y 5,9%, respectivamente), en ramas intensivas en mano de obra la indigencia avanza aun entre quienes tienen empleo registrado.
El fenómeno no se limita a los extremos. Sectores como hoteles y restaurantes (42,3%) y comercio (32,9%) también muestran niveles preocupantes de pobreza entre trabajadores ocupados. Incluso la industria manufacturera, históricamente un refugio de empleo formal, supera la media nacional, con un 29,7% de sus trabajadores bajo la línea de pobreza.
Las causas son múltiples, pero convergen en un punto: el derrumbe del poder adquisitivo del salario frente a la inflación, combinado con una estructura laboral segmentada y un modelo económico que ha desplazado a millones hacia la informalidad o el cuentapropismo precarizado. La parálisis de las negociaciones colectivas, el recorte del gasto público y el estancamiento del consumo agravan un escenario ya crítico.
Los datos de Fundar confirman que la pobreza dejó de ser solo un fenómeno del desempleo. Hoy es también una consecuencia directa del trabajo mal remunerado, lo que desafía las bases mismas de las políticas laborales y de protección social en el país.
