24 de julio de 2026

El salario mínimo se desploma: perdió más del 40% y quedó por debajo de los niveles de los años noventa

El Salario Mínimo, Vital y Móvil atraviesa uno de los mayores retrocesos de las últimas décadas. Desde la llegada de Javier Milei a la Presidencia, su poder de compra cayó más de un 40%, consolidando una pérdida que comenzó con el fuerte impacto de la devaluación inicial y que, lejos de recuperarse, se profundizó con una política de aumentos que quedó sistemáticamente por detrás de la inflación.

Así lo revela un informe elaborado por el Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (CIFRA), que advierte que el salario mínimo ya acumula una pérdida del 60% respecto de 2015 y se ubica incluso un 20% por debajo de los valores reales registrados durante la década de 1990, uno de los períodos de mayor deterioro del empleo y los ingresos en la historia reciente del país.

El estudio sostiene que, durante la actual gestión, las actualizaciones del salario mínimo dejaron de surgir del consenso entre trabajadores y empresarios. Ante la falta de acuerdos en el Consejo del Salario, los incrementos fueron fijados por la Secretaría de Trabajo mediante laudos que, según el informe, terminaron reflejando posiciones más cercanas a las planteadas por el sector empresario que a la necesidad de recomponer el poder adquisitivo de los trabajadores.

Las consecuencias de esa política se observan con claridad en la economía cotidiana. Hace una década, una hora de trabajo remunerada al salario mínimo alcanzaba para comprar un kilo de pan. En la actualidad, con un valor horario cercano a los 1.839 pesos, un trabajador necesita dos horas y media para adquirir el mismo producto. La pérdida es todavía más pronunciada en alimentos esenciales como la carne picada, donde el tiempo de trabajo necesario para comprar un kilo pasó de dos horas en 2016 a casi seis horas en la actualidad.

El deterioro también se refleja en la capacidad del ingreso para cubrir las necesidades básicas. Según el relevamiento, el salario mínimo de junio apenas alcanzó para cubrir poco más de la mitad de la canasta básica alimentaria que determina la línea de indigencia para una familia tipo. Para superar el umbral de pobreza fueron necesarios más de cuatro salarios mínimos, un dato que evidencia la creciente distancia entre los ingresos laborales y el costo real de vida.

La pérdida de poder adquisitivo alcanza además a los servicios. Mientras en 2016 un trabajador necesitaba apenas quince minutos de trabajo para pagar un viaje de ida y vuelta en subte, hoy debe destinar una hora y cuarenta y un minutos de su jornada para afrontar ese mismo gasto. La comparación refleja que no solo aumentaron los precios, sino que el ingreso mínimo dejó de acompañar ese proceso.

El informe concluye que el salario mínimo perdió el papel que históricamente cumplía como referencia del mercado laboral. Hace diez años representaba más de un tercio del salario promedio registrado del sector privado; hoy equivale apenas al 16,6% de esa remuneración. En otras palabras, dejó de funcionar como un verdadero piso de protección para los trabajadores y se transformó en un ingreso cada vez más alejado del costo de vida.

La evolución del salario mínimo sintetiza una de las principales características del actual modelo económico: mientras la desaceleración de la inflación es presentada como un indicador de estabilidad, el ingreso de los trabajadores continúa perdiendo capacidad de compra. El resultado es una creciente precarización del salario como herramienta para garantizar condiciones mínimas de subsistencia, con niveles de deterioro que incluso superan los registrados durante la década de las políticas de ajuste y convertibilidad.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *