9 de septiembre de 2026

La deuda dejó de ser una excepción: en los barrios populares se utiliza principalmente para comprar alimentos

El crédito podrá aliviar momentáneamente el consumo, pero difícilmente pueda resolver el problema de fondo. Por el contrario, corre el riesgo de transformar una insuficiencia de ingresos en una deuda permanente.

El endeudamiento de los hogares en los barrios populares dejó de estar asociado exclusivamente a gastos extraordinarios y comenzó a convertirse en una herramienta para cubrir necesidades básicas.

Un relevamiento realizado por el Instituto Periferias sobre 5.000 personas de 15 provincias reveló que el 61,8% de quienes trabajan y viven en estos barrios mantiene algún tipo de deuda financiera.

El dato más significativo aparece al analizar el destino de esos préstamos. El 59,8% de los encuestados tuvo que recurrir a dinero prestado para comprar alimentos, una proporción que equivale al 97% de las personas endeudadas dentro de la muestra.

En otras palabras, para una amplia mayoría de quienes recurren al crédito, la deuda ya no está vinculada al consumo de bienes durables o a una inversión familiar, sino a una necesidad elemental: poder comer.

El estudio, elaborado por el Instituto Periferias, que conduce Daniel Menéndez, referente de Barrios de Pie y funcionario del Gobierno bonaerense, expone un cambio en la forma en que los sectores de menores ingresos enfrentan sus dificultades económicas.

Según el análisis del organismo, las familias que anteriormente podían endeudarse frente a situaciones puntuales ahora recurren al crédito de manera reiterada para sostener los gastos cotidianos.

La compra de alimentos aparece así como uno de los principales destinos de un financiamiento que, en condiciones normales, debería funcionar como una herramienta para afrontar proyectos, emergencias o inversiones.

Este fenómeno permite observar una problemática que excede las decisiones financieras individuales. Cuando los ingresos provenientes de salarios, trabajos informales o jubilaciones resultan insuficientes para cubrir los gastos básicos, el crédito comienza a ocupar el espacio que deja vacío el poder adquisitivo.

El resultado es un círculo de creciente vulnerabilidad: los hogares se endeudan para cubrir el consumo indispensable y, posteriormente, deben destinar una parte de sus ingresos futuros a cancelar esas obligaciones. Cuando los intereses son elevados o los ingresos permanecen estancados, la posibilidad de salir de ese esquema se vuelve todavía más difícil.

El informe también se conoce en medio del debate político y legislativo sobre las tasas de interés aplicadas por bancos, financieras y plataformas digitales. Desde distintos sectores sociales y sindicales cuestionan que determinadas condiciones de financiamiento puedan profundizar las dificultades de familias que ya presentan una elevada fragilidad económica.

La preocupación se extiende además al aumento de los niveles de morosidad. Desde el Instituto Periferias vinculan este fenómeno con el deterioro de los ingresos y advierten que la desregulación financiera puede agravar la situación cuando las familias recurren al crédito en condiciones desfavorables.

El principal dato que surge del relevamiento, por lo tanto, no es solamente cuántas personas están endeudadas, sino para qué necesitan endeudarse. Que casi la totalidad de quienes recurren al financiamiento lo haga para adquirir alimentos constituye una señal del grado de presión que soportan los ingresos de los hogares más vulnerables.

En este escenario, el problema del endeudamiento familiar aparece como la consecuencia de una cuestión más profunda: la dificultad para que los ingresos alcancen para cubrir las necesidades esenciales.

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