Por el cierre de FATE, Pampa Energía detendrá la producción de Caucho, se destruirán 200 empleos
La desaparición de la única planta de caucho sintético destinada a neumáticos no representa únicamente una pérdida de empleos: también implica resignar un eslabón clave de la industria argentina y aumentar la dependencia de proveedores externos en un sector de alto valor agregado.

La decisión de Pampa Energía de detener definitivamente la producción de caucho sintético en su complejo petroquímico de Puerto General San Martín vuelve a poner en evidencia el deterioro de la industria nacional.
El cierre de la única planta argentina dedicada a la fabricación de este insumo estratégico no solo amenaza con eliminar alrededor de 200 puestos de trabajo directos, sino que también compromete la continuidad de numerosas pequeñas y medianas empresas que dependen de esa producción.
La compañía, controlada por el grupo encabezado por Marcelo Mindlin, comunicó el cese de la unidad dedicada a la elaboración de caucho sintético, un producto indispensable para la fabricación de neumáticos, cintas transportadoras, suelas de calzado y otras aplicaciones industriales. Aunque hasta el momento no se formalizaron despidos, el Sindicato de Obreros y Empleados Petroquímicos Unidos (SOEPU) denunció que la empresa comenzó a presionar a los trabajadores para aceptar retiros voluntarios, una modalidad que suele anticipar procesos de reducción permanente de personal.
La unidad afectada emplea a unos 200 trabajadores, de los cuales entre 125 y 130 se encuentran bajo el convenio petroquímico. Para el gremio, el conflicto excede una reestructuración empresaria y constituye un nuevo episodio del proceso de desindustrialización que atraviesa el país. Desde la organización sindical advirtieron que, de concretarse los primeros despidos, podrían paralizarse las restantes unidades del complejo en rechazo a la medida.
La empresa argumentó inicialmente que la interrupción de la actividad respondía a la demora en el abastecimiento de butadieno, una materia prima importada desde Brasil. Sin embargo, los representantes de los trabajadores sostienen que esa situación habría sido utilizada como parte de una estrategia para justificar el cierre definitivo de la planta.
El impacto trasciende los límites del establecimiento. La producción de caucho sintético abastecía a fabricantes de neumáticos y a un amplio entramado de pequeñas y medianas empresas que dependen de ese insumo para sostener su actividad. Con el cierre de la única planta nacional, esos sectores quedarían obligados a recurrir a productos importados, incrementando costos y profundizando la dependencia del mercado externo.
Desde el sindicato vinculan esta decisión con el cambio de las condiciones económicas de los últimos años. Afirman que la apertura de las importaciones redujo la demanda de producción local y favoreció el ingreso de productos terminados, desplazando a la industria nacional. Como ejemplo, señalan que una parte creciente de los vehículos importados llega al país equipada con neumáticos fabricados en el exterior, reduciendo el mercado para los productores locales.
El caso de Pampa Energía vuelve a plantear un interrogante sobre el rumbo de la política industrial. Mientras se multiplican los cierres de plantas y la sustitución de producción nacional por bienes importados, el país pierde capacidad para fabricar insumos considerados estratégicos para distintas cadenas productivas.
