2 de julio de 2026

El Gobierno relativizó el deterioro económico: «No hay mucha gente que esté peor»

El mensaje del Gobierno apunta a consolidar una visión optimista basada en la estabilización macroeconómica, pero enfrenta el desafío de reconciliar ese relato con una realidad percibida de manera desigual por distintos actores económicos.

Ph: Maizar

El secretario de Finanzas, Federico Furiase, rechazó la idea de que la economía argentina atraviese una crisis de consumo y sostuvo que amplios sectores de la población han mejorado su situación bajo la gestión de Javier Milei.

Sin embargo, sus declaraciones abren un interrogante sobre la brecha entre los indicadores macroeconómicos y la experiencia cotidiana de distintos sectores sociales.

En una entrevista televisiva, Furiase afirmó que “no hay mucha gente que esté peor”, apoyándose en datos como el crecimiento del PBI y niveles elevados de consumo agregado. No obstante, su planteo tiende a diluir las advertencias de comerciantes y empresarios, quienes vienen señalando una contracción en el consumo masivo. Al calificar estos diagnósticos como “historias particulares”, el funcionario reduce la relevancia de señales que, en conjunto, podrían reflejar una tendencia más amplia.

El argumento oficial se apoya en un cambio en la composición del gasto: según Furiase, el consumo se orienta ahora hacia bienes durables —como autos o propiedades— en lugar de productos cotidianos. Esta interpretación, sin embargo, deja abierta la discusión sobre si ese patrón representa una mejora generalizada o un fenómeno concentrado en sectores con mayor capacidad adquisitiva, lo que podría profundizar desigualdades.

Asimismo, el funcionario destacó logros como la reducción de la pobreza y la expansión del crédito, aunque estas afirmaciones contrastan con percepciones sociales y datos parciales que sugieren una recuperación heterogénea. En este sentido, la narrativa oficial parece priorizar los indicadores agregados por sobre la distribución de sus beneficios.

Por otro lado, Furiase reconoció que marzo estará marcado por una inflación elevada debido a factores estacionales —como subas en combustibles, tarifas y educación— en parte vinculados al contexto internacional. Aun así, proyectó una desaceleración significativa a partir de abril o mayo. Esta previsión introduce un componente de expectativa que, de no concretarse, podría erosionar aún más la credibilidad del discurso económico oficial.

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