El Estado como “delirio criminal”: Kicillof fulminó a Milei en el cierre de la campaña
La declaración, emitida a pocos minutos del inicio de la veda electoral, no solo busca movilizar a su electorado, sino también marcar un punto de inflexión en el debate político al contraponer el modelo de “Estado ausente” que promueve el oficialismo con la necesidad de la presencia estatal en el territorio.

En un tenso y calculado cierre de campaña, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, ha lanzado una de las críticas más duras a la gestión de Javier Milei, calificando su política de desmantelamiento de la obra pública como “criminal”.
La obra pública como campo de batalla
La crítica de Kicillof no es meramente discursiva; se ancla en un hecho concreto: la paralización de la obra pública en todo el país. Al suspender proyectos de agua, cloaca, electricidad y escuelas, el gobierno de Milei ha generado un vacío que, según el gobernador, impacta directamente en la vida de los ciudadanos.
La acusación de «criminal» va más allá de un juicio político, implicando que esta política no es solo un error económico, sino una acción deliberada con consecuencias catastróficas para la calidad de vida de la población. Kicillof refuerza su argumento al señalar que «no hay país que no tenga obra pública» y que «no es que no hay plata», sino que los recursos se desvían para otros fines, como el pago de intereses o los viajes del presidente.
La «mentira» de la casta y el rol de Karina Milei
Además de la obra pública, Kicillof atacó otros dos pilares del discurso oficialista. Primero, desmintió la promesa de que el ajuste recaería sobre «la casta», argumentando que las medidas han afectado a la población en general.
En este punto, el gobernador aprovecha la filtración de los audios del extitular de la ANDIS, Diego Spagnuolo, y los supuestos pedidos de coimas que involucran a Karina Milei, para cuestionar la honestidad del gobierno y señalar una «interna feroz» que contradice la imagen de un proyecto unificado.
Segundo, Kicillof introduce un elemento de crítica personal y de poder: el rol de la hermana del presidente en la gestión. «Es la primera vez en la historia que se vota a una persona, pero manda otra, que es Karina Milei», afirmó el gobernador, acusando a la secretaria general de la Presidencia de ser la verdadera artífice de las decisiones, mientras el presidente se limita a «dar charlas y conferencias».
Esta afirmación no solo busca socavar la legitimidad del mandato presidencial, sino también exponer una posible debilidad en la estructura de poder del oficialismo.
El «robo» de la coparticipación y la defensa del territorio
Finalmente, Kicillof se centra en un tema que es central para su gestión: la defensa de los recursos de la provincia de Buenos Aires. El gobernador acusa a Milei de «timbear» con el patrimonio de los bonaerenses y de utilizar los fondos que la provincia aporta (40% del total nacional) para financiar viajes y eventos personales, mientras solo se le devuelve el 7%.
Esta crítica busca movilizar a los votantes con un mensaje de defensa del territorio y de denuncia de un supuesto despojo de los recursos bonaerenses por parte del gobierno central.
En conjunto, las declaraciones de Kicillof en la previa a la veda electoral no son solo una arremetida política, sino un intento de enmarcar la elección en un debate más amplio sobre el rol del Estado, la honestidad en la gestión pública y la equidad en el reparto de recursos. Al calificar la política de Milei como «criminal», el gobernador no solo busca movilizar a su electorado, sino también dejar una impronta en el debate público que perdure más allá de los resultados del domingo.
