23 de junio de 2026

El acero en retroceso: desplome productivo con caída del 22,5% expone fragilidad industrial y presión importadora

Según datos de la Cámara Argentina del Acero, la elaboración de acero crudo se redujo un 22,5% respecto a enero y un 14% en la comparación interanual, alcanzando apenas 272.200 toneladas.

La industria siderúrgica argentina volvió a encender señales de alarma en febrero, con un marcado retroceso en sus niveles de producción que deja al descubierto un escenario de debilidad estructural.

El deterioro no se limitó al acero primario. Los laminados en caliente —clave para la construcción, la industria automotriz y la fabricación de bienes durables— registraron una contracción aún más abrupta: 148.500 toneladas, lo que implica una caída mensual del 46,3% y una baja del 8,3% frente al mismo período del año pasado.

En tanto, los laminados en frío mostraron un comportamiento más heterogéneo. Si bien la producción se desplomó un 52,3% respecto de enero, con un volumen de 49.300 toneladas, evidenció un crecimiento interanual del 6,4%, reflejando tensiones internas dentro del propio entramado siderúrgico.

Detrás de estas cifras, el sector identifica factores que van más allá de la coyuntura. La menor actividad industrial y el freno en la construcción explican parte del retroceso, pero también pesan la debilidad persistente del mercado interno y el aumento de las importaciones tras la flexibilización comercial. A esto se suman cargas impositivas que, según los industriales, limitan la competitividad y desalientan la generación de valor agregado local.

El informe también pone el foco en la creciente competencia externa, especialmente desde China, cuyos productos ingresan con precios que el sector considera difíciles de igualar bajo las actuales condiciones. Este fenómeno contribuye a que las plantas locales operen por debajo de su capacidad histórica, profundizando el ciclo de contracción.

Así, la caída del acero no aparece como un hecho aislado, sino como parte de un cuadro más amplio de enfriamiento en sectores estratégicos de la economía real. Industria y construcción, pilares del empleo y el consumo, atraviesan una fase de debilidad que reabre el debate sobre el rumbo productivo y las condiciones para sostener la actividad en un contexto cada vez más desafiante.

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