23 de mayo de 2026

EE.UU. respalda el rumbo económico de Milei: elogios, intereses geopolíticos y un mensaje al mercado

La visita del secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, a la Argentina no debe analizarse únicamente como un gesto de apoyo a un plan económico en ejecución.

La llegada de Bessent es un movimiento cargado de simbolismo y cálculo geopolítico, que refleja un cambio de clima internacional y regional, y donde la Casa Blanca busca reafirmar su presencia frente al avance de otros actores globales, especialmente China.

En un momento de reconfiguración del orden mundial, la Argentina emerge como una pieza estratégica para los intereses de Washington. La guerra comercial con China no solo se libra en términos de aranceles, tecnología o cadenas de suministro; también se disputa en el terreno de las alianzas políticas y la influencia sobre países emergentes. Y América Latina, históricamente considerada el «patio trasero» de Estados Unidos, vuelve al centro de atención.

El gobierno de Javier Milei se presenta como un aliado ideal: abiertamente promercado, anticomunista y con un discurso alineado con la derecha global que encarna, entre otros, Donald Trump. Esta afinidad no es menor: el comunicado de Bessent se cuida de dejar en claro que el respaldo proviene de la administración Trump, marcando una línea de continuidad con una visión conservadora del orden económico global.

¿Apoyo económico o pacto ideológico?

El “apoyo pleno” al plan económico de Milei no es solamente una cuestión de coincidencia técnica. La desregulación del mercado, el ajuste fiscal extremo, la liberalización cambiaria y la retracción del Estado son políticas que entusiasman a los sectores financieros y a los think tanks neoliberales, pero también son funcionales a una estrategia más amplia: reposicionar a la Argentina como un socio confiable en el bloque occidental.

Esto implica, por ejemplo, tomar distancia de las relaciones con China, país con el que la Argentina mantenía fuertes vínculos financieros y comerciales en los últimos años, incluyendo swaps de divisas y proyectos de infraestructura. También reconfigura la relación con otros actores del BRICS, bloque del cual Milei ya anunció que no quiere formar parte.

En este sentido, la visita de Bessent y la promesa de futuros acuerdos bilaterales —comerciales, financieros y energéticos— funcionan como un premio y a la vez como un anzuelo: EE.UU. ofrece respaldo si la Argentina se pliega a su esfera de influencia y se convierte en un punto de apoyo estratégico en el sur del continente.

El rol de los organismos multilaterales

El apoyo del Tesoro estadounidense también se traduce en respaldo político ante los organismos multilaterales. El acuerdo con el FMI, los gestos del Banco Mundial y el BID, y las negociaciones con otros fondos de inversión tienen como telón de fondo un visto bueno que no es neutral. Históricamente, el peso de Estados Unidos dentro del FMI ha sido determinante para condicionar la política económica de los países endeudados. En este caso, no es solo una cuestión de disciplina fiscal, sino de alineamiento geopolítico.

Riesgos de una alineación sin matices

Este tipo de posicionamiento estratégico no está exento de riesgos. Una inserción internacional unilateral, que relega vínculos con otros polos de poder global como China, India o incluso la Unión Europea, puede volver a la Argentina vulnerable ante los vaivenes de la política interna de EE.UU. —sobre todo en un año electoral con alto nivel de polarización— y dejar al país atado a una sola lógica de desarrollo.

Además, hay un componente interno a considerar: los costos sociales del ajuste pueden tensar el clima político y social. Y si el respaldo internacional no se traduce en resultados concretos —inversiones reales, crecimiento y empleo—, el apoyo externo podría convertirse en una carga simbólica más que en una ventaja efectiva.

EE.UU. necesita reinstalar su influencia en América Latina

La visita de Scott Bessent a la Argentina marca algo más que un encuentro bilateral: es el primer capítulo de una apuesta mayor de EE.UU. por reinstalar su influencia en América Latina a través de gobiernos ideológicamente afines. Javier Milei, con su discurso disruptivo y prooccidental, se convierte en un experimento geopolítico que será observado de cerca tanto por aliados como por competidores.

La pregunta clave es: ¿puede la Argentina sostener esta alineación sin comprometer su soberanía, su estabilidad interna y su capacidad de maniobra frente a un mundo cada vez más multipolar?

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