17 de mayo de 2026

Desde diciembre del 2023 se perdieron al menos 408 empleos por día

La política de ajuste podría consolidar un país más concentrado, con menos industria, menos empleo y una fractura social y territorial cada vez más difícil de recomponer.

La economía argentina atraviesa una crisis inédita que no solo erosiona el empleo y la actividad productiva, sino que también altera el equilibrio territorial del desarrollo.

De acuerdo con un informe del Grupo Atenas, entre diciembre de 2023 y junio de 2025 cerraron 16.322 empresas —28 por día— y se destruyeron 236.139 puestos de trabajo formales, lo que equivale a 408 personas despedidas cada jornada.

El estudio, titulado Glaciación productiva: radiografía federal de la crisis empresarial argentina (2023-2025), advierte que “nunca antes, ni siquiera durante la pandemia, se había registrado un derrumbe tan acelerado del entramado productivo”. El informe responsabiliza a la combinación de ajuste fiscal, apertura importadora y contracción monetaria, políticas que, lejos de dinamizar la economía, generaron un enfriamiento prolongado con efectos devastadores sobre las pymes, principales generadoras de empleo.

Los sectores más afectados son la industria y la construcción, donde la paralización de la obra pública y la falta de inversión provocaron una contracción del 15%. La capacidad instalada de la industria cayó al 57%, su nivel más bajo desde la pandemia. Este deterioro se refleja en el mercado laboral: la desocupación alcanzó el 7,4%, la subocupación el 10,5% y en el Gran Buenos Aires llegó al 9,8%, con jóvenes y profesionales entre los más golpeados por el desempleo de larga duración.

El diagnóstico no se limita a lo económico. Según el informe, la llamada “glaciación productiva” también configura una crisis del federalismo: las regiones periféricas, antes sostenidas por obra pública y crédito estatal, quedaron sumidas en la recesión, mientras la actividad se concentra en enclaves exportadores de bajo empleo y fuerte sesgo primario. El resultado es una desindustrialización progresiva y una pérdida de densidad productiva que amenaza con profundizar la desigualdad territorial.

El análisis concluye que revertir esta dinámica exige más que un rebote coyuntural: se necesita una estrategia de reconstrucción productiva federal basada en crédito accesible, inversión pública, infraestructura e innovación.

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