Crítica situación de reservas en el BCRA: caída sostenida y pasividad preocupante
Más allá de los argumentos técnicos, el deterioro de las reservas vuelve a instalar un signo de interrogación sobre la sostenibilidad del modelo económico actual, en particular en lo referido a la estabilidad cambiaria y la capacidad de enfrentar shocks externos. La pasividad del BCRA podría, en este marco, convertirse en una fuente adicional de incertidumbre en un país donde la confianza financiera se construye –y se pierde– día a día.

El Banco Central de la República Argentina (BCRA) atraviesa una nueva etapa de tensión financiera, con una caída sostenida de reservas internacionales que en tan solo cinco jornadas acumula casi u$s1.000 millones.
A pesar de este preocupante drenaje, la entidad monetaria, presidida por Santiago Bausili, mantiene una pasividad llamativa: ya son 14 ruedas consecutivas sin intervención en el mercado mayorista.
Durante la última jornada, las reservas brutas retrocedieron otros u$s248 millones y se ubicaron en u$s39.098 millones. En total, desde el último pico registrado tras el ingreso de fondos de organismos internacionales, la pérdida acumulada asciende a u$s975 millones. Esta sangría ocurre en un contexto de elevado volumen operado en el mercado de cambios, que ayer alcanzó los u$s500,811 millones, y con una cotización oficial que si bien se mantiene dentro de las bandas de flotación, está peligrosamente cerca del piso.
Desde el propio BCRA intentan relativizar el impacto, atribuyendo la caída diaria a la depreciación de monedas extranjeras y a “pagos varios” que rondan los u$s100 millones. Sin embargo, la explicación oficial no logra disipar la preocupación que genera la falta de respuesta activa frente a un contexto de presión sobre las reservas, especialmente considerando que el stock actual se encuentra influido por ingresos extraordinarios como los u$s12.000 millones del FMI y los u$s1.500 millones del Banco Mundial.
Si bien en lo que va del año las reservas muestran una suba neta de u$s8.697 millones, el dato mensual es más alarmante: solo en mayo ya se perdieron u$s656 millones. La contradicción entre los datos agregados y la dinámica reciente pone en evidencia la fragilidad estructural del sistema cambiario argentino, altamente dependiente del financiamiento externo y vulnerable ante cualquier movimiento del mercado.
La inacción del BCRA, en este contexto, es una señal ambigua para los actores económicos. Si bien responde a una estrategia de flotación controlada, no intervenir cuando las reservas caen de forma consistente podría interpretarse como un riesgo asumido deliberadamente o, peor aún, como una falta de herramientas efectivas para contener la presión.
