5 de mayo de 2026

Crisis textil: empresa centenaria cerró sus plantas en Corrientes y Chaco y dejó más de 260 personas sin trabajo

El cierre afecta a unos 240 empleados en Goya, Corrientes, y entre 14 y 20 en Villa Ángela, Chaco, en localidades donde la actividad industrial cumple un rol central en el entramado social y económico.

La empresa textil Emilio Alal S.A.C.I.F.I., con más de un siglo de trayectoria en la industria argentina, confirmó el cierre definitivo de sus dos plantas productivas y la desvinculación de más de 260 trabajadores, una decisión que profundiza la crisis del sector y golpea de lleno a las economías regionales del nordeste argentino.

En un comunicado oficial, la compañía calificó la medida como “no deseada” y aseguró que fue adoptada tras haber agotado “todas las instancias posibles” para sostener la producción y el empleo. Sin embargo, el desenlace expone las crecientes dificultades que atraviesa la industria textil nacional en un contexto de apertura comercial, caída del consumo interno y pérdida sostenida de competitividad.

Desde la empresa señalaron que el cierre responde al “actual contexto económico y comercial adverso”, con especial énfasis en el ingreso masivo de productos importados. La liberalización de importaciones de hilados, telas, prendas de vestir y ropa usada —principalmente de origen asiático— generó, según advirtieron, una competencia desigual que erosionó la capacidad de las firmas locales para sostener sus niveles de producción.

A este escenario se suma la contracción del poder adquisitivo de los salarios, que redujo significativamente la demanda del mercado interno, y un conjunto de desequilibrios macroeconómicos que afectan a toda la cadena textil: altos costos financieros, laborales y energéticos, presión impositiva elevada y atraso cambiario. La empresa también alertó sobre un deterioro creciente de la cadena de pagos y cobranzas, que terminó de comprometer su flujo financiero y su operatividad diaria.

Antes de avanzar con el cierre, Emilio Alal aseguró haber desplegado diversas estrategias para evitar los despidos. Entre ellas, acordó suspensiones temporales de producción con el sindicato por un período de 60 días, sostuvo los puestos de trabajo durante más de dos años en un contexto adverso e incluso incorporó nuevas líneas de producción de telas con mayor valor agregado, que alcanzaron estándares internacionales y permitieron realizar exportaciones a otros países de la región.

Pese a esos esfuerzos, la empresa afirmó que no logró revertir la crisis y decidió cerrar sus plantas. Para instrumentar las desvinculaciones, invocó el artículo 247 de la Ley de Contrato de Trabajo, que habilita despidos por fuerza mayor o falta de trabajo no imputable al empleador, un recurso cada vez más utilizado por firmas industriales en crisis.

El impacto del cierre generó preocupación en las comunidades afectadas. La Cámara Empresarial de Goya expresó su solidaridad con la empresa, los trabajadores —incluidos los tercerizados— y la red de proveedores y prestadores de servicios, y advirtió sobre el fuerte golpe a una economía regional ya debilitada. En ese marco, cuestionó el fortalecimiento del peso y la apertura de importaciones “casi sin control”, políticas que, según señalaron, se aplican en detrimento de la industria nacional.

Desde el sector empresarial reclamaron la intervención de los gobiernos locales, provinciales y de los legisladores nacionales para impulsar políticas que protejan la producción y el empleo en las economías regionales.

A pesar del cierre, el empresario Luis “Pinky” Alal dejó abierta la posibilidad de una eventual reapertura. “Las máquinas están listas, son nuevas y con alta capacidad de producción”, sostuvo, y atribuyó la paralización de la actividad al contrabando y a la apertura indiscriminada de importaciones en un contexto de costos elevados. “Somos algodoneros, somos optimistas”, afirmó, al señalar que la infraestructura y el capital humano permanecen disponibles a la espera de un cambio en las condiciones económicas.

El caso de Emilio Alal sintetiza la crisis que atraviesa la industria textil argentina, uno de los sectores más intensivos en empleo. La combinación de apertura comercial, retracción del mercado interno y ausencia de políticas industriales activas vuelve a dejar un saldo conocido: fábricas cerradas, empleo destruido y un impacto social profundo en las economías del interior del país.

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