21 de junio de 2026

Crisis industrial sin freno: la actividad metalúrgica, 15% por debajo de su nivel histórico

Pese a una leve recuperación en junio, la industria metalúrgica argentina sigue sumida en una crisis profunda. La Argentina productiva no necesita paliativos: necesita una estrategia. Y, por ahora, no la hay.

Según datos de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA), el sector está 15 puntos por debajo de su nivel histórico, arrastrando a la baja el empleo, la producción y la inversión, con una estructura productiva que no logra repuntar tras el violento desplome registrado al inicio de la gestión del actual gobierno nacional.

Este escenario no solo refleja una caída coyuntural: es la evidencia de una desarticulación estructural, producto de un modelo económico que prescinde deliberadamente de políticas industriales activas, sustituye la producción nacional por importaciones y castiga al entramado pyme, particularmente en el interior del país.

El espejismo de la recuperación

ADIMRA informó que en junio la actividad metalúrgica creció un 2,3% interanual y un marginal 0,1% respecto de mayo. Sin embargo, esa suba responde a una comparación contra una base bajísima: en junio de 2024 el sector había caído un 17,3%. Lejos de representar una recuperación sólida, el informe aclara que el uso de la capacidad instalada sigue por debajo del 50%, sin generación de empleo ni nuevas inversiones.

“Estamos 15% por debajo del promedio de los mejores años del sector. Esta no es una reactivación, es una pausa en la caída”, advirtió Elio Del Re, presidente de ADIMRA. Y subrayó: “El ingreso de productos importados crece al 5% mensual, mientras la industria local agoniza”.

El deterioro afecta a todo el país, aunque con variaciones regionales. Santa Fe (+4,3%) y Córdoba (+2,5%) mostraron mejoras puntuales por el empuje de la maquinaria agrícola. En cambio, Buenos Aires (-0,9%) y Mendoza (-0,7%) siguen cayendo, evidenciando la parálisis del aparato productivo en los principales polos industriales.

Los sectores estratégicos tampoco escapan al golpe. La producción de autopartes cayó 2,6% y la de bienes de capital, 1,2%. La excepción fueron las carrocerías, remolques y maquinaria agrícola, que crecieron hasta 14,3%, pero no alcanzan para revertir la tendencia general. El empleo cayó 2,2% interanual y se mantienen los despidos y suspensiones, especialmente en pymes.

Una industria sin política industrial

El gobernador Axel Kicillof fue tajante: “La industria está bajo ataque del gobierno nacional”, sentenció durante el Congreso Productivo Bonaerense en Mar del Plata. La frase resume una crítica sostenida desde diversos sectores productivos: el modelo libertario no solo carece de estímulos para el desarrollo industrial, sino que pareciera incentivarlo a su desmantelamiento.

La eliminación de programas de financiamiento productivo, la apertura irrestricta de importaciones, la falta de obra pública y la caída del consumo interno han creado una tormenta perfecta para el sector. Mientras tanto, el Gobierno sostiene que el “orden macroeconómico” traerá crecimiento “por derrame”, aunque los datos muestran lo contrario: no hay inversión, ni crédito, ni expectativas de mejora a corto plazo.

Tensiones laborales en aumento

El malestar se siente también en el plano sindical. La Unión Obrera Metalúrgica (UOM), liderada por Abel Furlán, evitó por ahora un paro nacional, pero la tensión es evidente. En plantas como Acindar, en Villa Constitución, comenzaron las medidas de fuerza ante despidos y suspensiones. El gremio logró cerrar un acuerdo paritario parcial, lo que momentáneamente enfrió los ánimos, pero el descontento sigue latente.

Furlán, quien suena como futuro secretario general de la CGT, impulsa una línea más combativa dentro del sindicalismo argentino y logró que la UOM apruebe la posibilidad de un paro nacional si la crisis se agrava.

Capacidad ociosa y producción estancada

El uso de la capacidad instalada alcanzó el 58,6% en mayo, todavía muy por debajo de los niveles históricos de la industria. Aunque sectores como la automotriz y el acero mostraron leves recuperaciones, el promedio general sigue estancado. La aparente mejora en algunos rubros no logra compensar la caída estructural del conjunto.

En resumen, la industria metalúrgica se encuentra atrapada en una recesión inducida por políticas económicas que la marginan del modelo de desarrollo. Sin medidas activas que fortalezcan la producción nacional, promuevan el crédito a las pymes y protejan el empleo, el país corre el riesgo de desindustrializarse aún más, con consecuencias sociales y económicas profundas.

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