Zárate en emergencia: cierran dos importantes químicas en menos de un mes
Las decisiones, tomadas de manera unilateral y sin previo aviso, agudizan un cuadro económico y social alarmante, al que se suma ahora un serio riesgo ambiental por la falta de control en las instalaciones abandonadas.

La ciudad bonaerense de Zárate, históricamente ligada a la actividad industrial, atraviesa un momento de crisis profunda. En menos de un mes, dos empresas químicas de peso internacional —Archroma y Clariant— cerraron sus plantas y dejaron a 67 trabajadores sin empleo.
El último golpe llegó con el cierre repentino de la planta de Archroma, multinacional suiza dedicada a productos químicos especializados, que despidió a 25 operarios de forma abrupta. La decisión generó un inmediato repudio del Sindicato de Trabajadores Químicos y Petroquímicos de Zárate, que denunció la falta total de negociación previa y el incumplimiento de los compromisos asumidos con el personal.
“Fue una decisión drástica, sin diálogo y sin respeto por las familias que dependen de estos empleos”, señalaron desde el gremio, que semanas atrás ya había enfrentado el cierre de Clariant, otra firma del rubro químico, que dejó en la calle a 42 trabajadores.
Con estos dos cierres consecutivos, Zárate suma 67 despidos en un contexto nacional de recesión, con una economía estancada y sin generación de nuevos puestos laborales. Para el sindicato, los hechos no son aislados, sino parte de un deterioro más amplio vinculado a las políticas de ajuste impulsadas por el gobierno de Javier Milei. La retracción industrial, señalan, está destruyendo el tejido productivo de ciudades enteras del conurbano bonaerense.
Riesgos ambientales: plantas abandonadas y productos sin control
El impacto de esta ola de cierres no se limita al plano laboral. El abandono de las plantas industriales sin un protocolo de cierre adecuado plantea un nuevo frente de preocupación: el ambiental. Según denunció el secretario general del sindicato, Oscar Casco, tanto en Archroma como en Clariant permanecen almacenadas sustancias químicas peligrosas, además de sistemas de tratamiento que quedaron activos pero sin supervisión técnica.
“Hoy tenemos productos químicos sin control, con un posible impacto ambiental del que alguien deberá hacerse cargo”, advirtió Casco. La situación pone en alerta no solo a los extrabajadores, sino también a la comunidad en general, que podría quedar expuesta a una contaminación silenciosa si no se actúa a tiempo.
Reclamos ante el Ministerio de Trabajo y llamado a la intervención estatal
Frente a este doble escenario —crisis social y riesgo ambiental—, el sindicato presentó un expediente ante el Ministerio de Trabajo de la provincia de Buenos Aires. Reclama no solo la revisión de los despidos, sino también la intervención urgente de las autoridades ambientales y laborales para garantizar la seguridad en las plantas cerradas.
Desde la cartera laboral confirmaron que el expediente fue recibido y que se inició el proceso administrativo correspondiente, que podría derivar en una audiencia entre las partes en los próximos días. Sin embargo, por ahora no hay respuestas concretas sobre la situación ambiental ni sobre el futuro de los trabajadores despedidos.
Una ciudad golpeada que exige respuestas
Zárate, que supo ser símbolo de desarrollo industrial en la provincia, hoy se enfrenta a una coyuntura devastadora: dos químicas cerradas, 67 familias sin sustento, productos peligrosos sin control y una sensación general de desprotección. Mientras las empresas se retiran sin dar explicaciones, los trabajadores y la comunidad reclaman que el Estado —en todos sus niveles— asuma su rol y evite que esta crisis se transforme en una catástrofe mayor.
Las respuestas no pueden seguir demorándose. La desindustrialización tiene rostro, nombre y consecuencias: detrás de cada cierre hay familias enteras, barrios en crisis y ciudades que pierden su motor económico. Y cuando a eso se suma el riesgo de contaminación, el problema deja de ser sectorial para convertirse en una amenaza colectiva.
