Consejo de Mayo: inicia el proceso por la polémica Reforma Laboral
El eje del debate: comenzar a trazar los contornos de una reforma laboral que busca equilibrar expectativas muy disímiles en un contexto de informalidad estructural, precariedad creciente y tensiones sociales.

En una reunión que pone sobre la mesa uno de los puntos más sensibles del llamado «Pacto de Mayo», el Consejo de Mayo celebró esta mañana su segundo encuentro en la Casa Rosada, con la presencia destacada del secretario de Trabajo, Julio Cordero, y una variedad de actores políticos, sindicales y empresariales.
La participación de Cordero —que no había asistido al primer encuentro— marca el tono del temario: el Gobierno quiere avanzar con una reforma profunda del régimen laboral argentino, algo prometido en el punto ocho del pacto suscripto el 9 de julio por el presidente Javier Milei y 18 gobernadores. Sin embargo, y más allá de la puesta en escena, el oficialismo ya deslizó que cualquier proyecto concreto sería postergado hasta después de las elecciones de octubre. La convocatoria, entonces, parece estar más orientada a testear el clima político y medir fuerzas que a alcanzar consensos reales en el corto plazo.
La llegada de los protagonistas a la Casa Rosada dejó entrever la complejidad del escenario. Carolina Losada (UCR) fue una de las primeras en arribar, seguida por el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, y el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, quien volvió a insistir en su idea de un “sistema moderno” de relaciones laborales, aunque sin detallar cómo eso se traduce en medidas concretas. La propuesta de Sturzenegger se apoya en una lectura de la informalidad como obstáculo estructural, pero omite deliberadamente los efectos del desfinanciamiento estatal y la caída del poder adquisitivo sobre el mercado de trabajo.
El sindicalismo también dijo presente con la figura de Gerardo Martínez (UOCRA), uno de los pocos líderes gremiales con diálogo fluido con el Ejecutivo. Su presencia indica que, pese a las tensiones, hay sectores dispuestos a sentarse a la mesa, aunque con reservas. En el mismo salón también se cruzaron Cristian Ritondo (PRO) y el presidente de la UIA, Martín Rappallini, en una postal que sintetiza el cruce entre política, poder económico y disputa electoral.
La participación del gobernador mendocino Alfredo Cornejo refuerza la idea de que el Consejo de Mayo funciona, al menos en parte, como espacio de negociación electoral. Cornejo, que ya cerró comicios provinciales y nacionales para el 26 de octubre, teje acuerdos con La Libertad Avanza en una lógica de convergencia política que puede impactar en el Congreso y en futuras votaciones clave.
Mientras tanto, los nombres técnicos como María Cecilia Domínguez Diacoluca y Agustina García de Cecco, encargadas de la redacción y ordenamiento del debate, reflejan que el Gobierno quiere estructurar el proceso, pero aún no tiene sobre la mesa una propuesta clara ni articulada.
En el fondo, el Consejo de Mayo —más que un espacio de consenso— opera hoy como laboratorio político del oficialismo. Allí se ensayan reformas de alto voltaje sin exponer demasiado, se tantean aliados y se administran las tensiones internas de una coalición que necesita mostrar orden mientras transita un escenario económico áspero. La reforma laboral está en marcha, sí, pero aún sin destino definido. El verdadero debate, como casi siempre en la Argentina, se jugará después de las elecciones.
