Colombia endurece su ofensiva contra las disidencias de las FARC y deja al menos ocho muertos en Guaviare
El Gobierno de Abelardo de la Espriella ordenó una operación militar contra campamentos atribuidos al Bloque Jorge Suárez Briceño, una de las estructuras disidentes de las antiguas FARC. La ofensiva incluyó un bombardeo de precisión y el ingreso posterior de unidades de comandos.

Las Fuerzas Armadas de Colombia intensificaron su ofensiva contra las disidencias de las antiguas FARC con una operación desarrollada en una zona rural del municipio de El Retorno, en el departamento del Guaviare. El balance preliminar informado por el presidente Abelardo de la Espriella señala que al menos ocho integrantes de la organización armada murieron durante el operativo.
La acción, denominada Operación Amón, se llevó adelante durante la madrugada contra instalaciones que, de acuerdo con la inteligencia militar, eran utilizadas por integrantes del Bloque Jorge Suárez Briceño, vinculado al Estado Mayor de Bloques y Frentes (EMBF), una de las principales estructuras disidentes de las FARC y asociada al mando de alias “Calarcá”.
Según la versión oficial, la ofensiva comenzó con un bombardeo de precisión sobre los campamentos y continuó con el despliegue de unidades de comandos para asegurar el área. Además de los ocho muertos contabilizados inicialmente, las tropas informaron el decomiso de 11 fusiles, cinco ametralladoras y material de intendencia.
El Gobierno aclaró que el operativo todavía no había concluido y que las fuerzas militares continuaban desplegadas en la zona para asegurar el control territorial.
La ofensiva constituye una señal del giro que la nueva administración pretende imprimir a la política de seguridad. De la Espriella asumió la Presidencia hace apenas unas semanas y ya dejó en claro que buscará una respuesta más contundente frente a las organizaciones armadas ilegales.
Durante la ceremonia de renovación de la cúpula militar, el mandatario había ordenado recuperar el control de las zonas donde operan estos grupos y descartó otorgarles cualquier tipo de reconocimiento político.
La decisión marca una diferencia con la estrategia impulsada durante el Gobierno de Gustavo Petro, que había mantenido conversaciones de paz con sectores del EMBF. Ahora, la prioridad declarada por la administración es fortalecer las operaciones militares y limitar el margen de acción territorial de las disidencias.
La fragmentación de las antiguas FARC
El grupo atacado forma parte de la compleja estructura de organizaciones que surgieron después de la desmovilización de las FARC tras el acuerdo de paz de 2016.
Alias “Calarcá”, cuyo nombre es Alexander Díaz Mendoza, integró anteriormente las FARC y posteriormente retomó las armas. En 2024 se distanció de Néstor Gregorio Vera, alias “Iván Mordisco”, provocando una división entre dos de las principales corrientes de las disidencias.
El EMBF había participado en negociaciones con el anterior Gobierno, pero la llegada de una nueva administración plantea un escenario diferente para esas conversaciones.
El Gobierno de De la Espriella sostiene que estos grupos deben ser tratados como organizaciones terroristas y no como actores con legitimidad política. Esa definición anticipa una política de seguridad mucho más orientada al uso de la fuerza.
Nuevas operaciones en Guaviare
Mientras continuaba el despliegue militar tras el bombardeo, el Ejército informó sobre la localización de otro campamento en la vereda Nueva Primavera, también en jurisdicción de El Retorno.
La instalación habría sido utilizada por integrantes del Bloque Jorge Suárez Briceño, según información obtenida por los organismos de inteligencia. En el procedimiento participaron efectivos del Batallón de Despliegue Rápido N.º 29, perteneciente a la Fuerza de Despliegue Rápido N.º 10.
El Guaviare continúa siendo uno de los principales escenarios de disputa entre el Estado y las organizaciones armadas surgidas tras la desmovilización de las FARC. La persistencia de estos grupos demuestra que el acuerdo de paz de 2016 no consiguió eliminar por completo las estructuras armadas ni el control ilegal de determinados territorios.
La operación en El Retorno, por lo tanto, no representa solamente un golpe militar contra una estructura específica. También funciona como la primera demostración concreta de una política de seguridad que busca reemplazar la negociación por una ofensiva directa contra las disidencias.
El desafío para el Gobierno será determinar si esta estrategia consigue recuperar de manera sostenida el control territorial o si, como ocurrió en otros momentos del conflicto colombiano, la presión militar termina provocando nuevas fragmentaciones y ciclos de violencia en las regiones donde el Estado todavía mantiene una presencia limitada.
