Caputo acusó a políticos, periodistas y economistas por la crisis empresarial
El ministro de Economía, Luis Caputo, profundizó la estrategia discursiva del Gobierno de Javier Milei al atribuir la quiebra de empresas no a las políticas oficiales, sino a la influencia tóxica de “políticos, periodistas comprados y economistas” que, según él, distorsionan la percepción del sector privado.

En el marco del Summit 2025 organizado por el IAE Business School, Caputo arremetió contra quienes —a su entender— siembran desconfianza y frenan inversiones. “Están haciendo que empresas vayan a la quiebra hace 18 meses dólar a 5.000”, denunció, culpando directamente a consultores privados y comunicadores que “envenenan con mentiras”.
Su discurso no dejó lugar a matices: “En algunos casos son burros, tampoco seamos falsamente buenos. Ya sea por inoperancia o por negocio, tratan de envenenarlos”, lanzó sin filtros.
El ministro, alineado con la narrativa presidencial de demonizar a la “casta” y sus presuntos cómplices mediáticos, amplió su acusación hacia las empresas mismas. Cuestionó la supuesta paradoja de que muchas firmas paguen honorarios a asesores que, en realidad, “les hablan mal del país”. Esa lógica —paradójica, según Caputo— sería parte de un clima en el que, de acuerdo al funcionario, “gente que quiere que le vaya mal a la Argentina” busca sabotear el proyecto libertario.
Mientras tanto, el ministro presentó su hoja de ruta para la obtención de divisas en medio de un Banco Central con reservas virtualmente en mínimos. Caputo detalló cuatro fuentes clave: privatizaciones de empresas públicas, venta de activos, concesiones (como las hidroeléctricas) y block trades (operaciones de venta por bloques). Con esto el Tesoro intentará cumplir obligaciones de deuda y sostener la caja en los próximos meses.
Frente a las críticas sobre el deterioro de las cuentas externas y el creciente desequilibrio en la balanza de pagos, Caputo minimizó el problema y se amparó en la libre flotación cambiaria como supuesto mecanismo de autorregulación. “Si pensás que está barato, comprá, no te pierdas la oportunidad”, ironizó, defendiendo el actual nivel del dólar y dejando en evidencia una visión despreocupada ante la presión sobre el mercado cambiario.
El mensaje de Caputo profundiza una tendencia discursiva cada vez más agresiva desde la cúpula libertaria: ubicar a la prensa crítica, a los analistas independientes y a la política tradicional como chivos expiatorios de las dificultades económicas. En lugar de asumir que la recesión, la pérdida de empleo y el cierre de pymes podrían relacionarse con el brutal ajuste fiscal, el ministro optó por atribuir el deterioro a un supuesto complot de “burros” y “caraduras” que intoxican a empresarios con escenarios catastróficos.
La estrategia tiene un objetivo claro: blindar el relato oficial en plena transición hacia la etapa electoral de octubre, presentando al Gobierno como único salvador de una economía asediada por conspiradores internos. Sin embargo, la propia hoja de ruta de Caputo —basada en privatizaciones, venta de activos y concesiones— revela la fragilidad estructural de un modelo que, pese al discurso de éxito, aún no logró reactivar la producción ni reconstruir la confianza del mercado.
