3 de julio de 2026

Cae otro emblema industrial: SKF cierra su planta y se convierte en importadora tras 90 años de producción nacional

El cierre de SKF no solo representa 150 familias sin empleo, sino un golpe simbólico a la idea de país industrial. En el mapa económico que se consolida, producir en Argentina deja de ser rentable, y con cada fábrica que cierra, se apaga un engranaje más del desarrollo nacional.

El cierre de la fábrica de rodamientos SKF en Tortuguitas marca un nuevo capítulo en el proceso de desindustrialización que atraviesa la Argentina.

La multinacional sueca confirmó que dejará de fabricar localmente para importar desde Brasil, lo que implica la pérdida de 150 puestos de trabajo calificados y la desaparición de una planta con nueve décadas de historia en el país.

La decisión empresarial no es aislada: refleja el impacto directo de la política económica del Gobierno, que prioriza la apertura irrestricta de importaciones y la desregulación del comercio exterior por sobre la protección del trabajo nacional. En este escenario, cada vez más empresas abandonan la producción local para reconvertirse en importadoras, mientras el aparato industrial argentino se reduce a pasos acelerados.

“Mientras el mundo cuida su producción, Argentina abre sus puertas a todo lo importado”, advirtió el secretario general de la UOM, Abel Furlán, tras conocerse la noticia. El dirigente metalúrgico lamentó que una firma con casi un siglo de presencia en el país “nunca haya tomado una decisión tan drástica como esta”, y señaló que el caso SKF puede convertirse en un modelo del achicamiento de los parques industriales.

Aunque el Ministerio de Trabajo bonaerense intenta garantizar indemnizaciones ampliadas para los despedidos, los sindicatos advierten que se trata de un paliativo frente a una política nacional que destruye las bases del empleo formal. Según la Asociación de Industriales Metalúrgicos (ADIMRA), la producción manufacturera cayó 5,2% interanual en septiembre y el uso de la capacidad instalada se encuentra en su nivel más bajo desde la pandemia. Córdoba y Buenos Aires, los dos principales polos industriales del país, lideran las pérdidas.

El presidente de ADIMRA, Elio Del Re, sintetizó el dilema: “La apertura indiscriminada promete precios bajos a corto plazo, pero sale caro a futuro”. Y ese futuro parece haber llegado. Casos como el de SKF o Lumilagro —que en 2025 redujo su producción local al 40% y despidió a 130 trabajadores— exponen la paradoja del modelo vigente: mientras se aplaude la “eficiencia” del libre mercado, se destruyen capacidades productivas construidas durante décadas.

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