3 de julio de 2026

La industria paralizada: más del 96% de los empresarios no creará empleo y anticipa un cierre de año con caída del consumo

La foto de septiembre, más que un registro coyuntural, sintetiza el fracaso de una política económica que asfixia a la industria con la promesa de eficiencia y libre competencia. Sin demanda, sin crédito y sin protección, el 2025 se encamina a cerrar con un mercado laboral paralizado y un tejido productivo que, lejos de reactivarse, se sigue deshilachando.

En abril, todas las ramas industriales registraron caídas de producción, pero las más afectadas fueron la industria automotriz (-88,5 %), la fabricación de prendas de vestir, cuero y calzado (-79,1 %), la de materiales para la construcción (-70,7 %), las industrias metálicas básicas (-65,2 %), la manufactura de tabaco (-59,5 %), la industria textil (-57,8 %) y la de maquinaria y equipo (-45,1 %). EFE/Woo He/Archivo

La última Encuesta de Tendencia de Negocios del INDEC confirmó lo que ya se percibía en los parques industriales: el sector manufacturero argentino se encuentra en una parálisis casi total. Más del 96% de los empresarios industriales no prevé generar nuevos puestos de trabajo en lo que resta de 2025, la cifra más alta de inmovilidad laboral desde que existen registros.

El dato revela un clima de recesión e incertidumbre que se profundiza en la previa de las elecciones legislativas. Según el relevamiento oficial, el 52,8% de las empresas declaró tener un nivel de pedidos “por debajo de lo normal”, mientras que apenas el 3,3% trabaja por encima de su capacidad habitual. La falta de demanda interna es el principal factor que limita la producción, mencionado por casi la mitad de las firmas, seguido por la incertidumbre económica y la competencia creciente de productos importados.

La consecuencia es previsible: caída del empleo, reducción de turnos y suspensión de inversiones. Las expectativas para el último trimestre son las más bajas en una década, con un 29,5% de los empresarios que anticipa una contracción del consumo interno. El diagnóstico es unánime: la economía no ofrece señales de recuperación y el modelo aperturista, sin crédito ni protección, erosiona la producción nacional.

Paradójicamente, mientras el discurso oficial insiste en que “la inflación se está controlando” y que “el ajuste ya dio resultados”, las empresas declaran exactamente lo contrario. La combinación de tasas de interés que rozan el 100% anual, una demanda interna deprimida y la avalancha de importaciones deja al sector industrial sin horizonte.

El contraste con los supermercados y mayoristas es ilustrativo: aunque sus proyecciones de ventas muestran una leve mejora, tampoco prevén aumentar sus plantillas de empleados. En otras palabras, el consumo que sobrevive no alcanza para dinamizar el empleo, y el país se adentra en un ciclo de estancamiento donde producir deja de ser negocio.

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