4 de julio de 2026

ATE denunció una “remarcación generalizada” de precios que llegó hasta el 10% en productos básicos

La advertencia de ATE, más que una denuncia coyuntural, sintetiza un síntoma estructural: en un país donde la política económica se define desde los mercados, los trabajadores vuelven a quedar como variable de ajuste en nombre de una estabilidad que nunca llega.

En la antesala de las elecciones legislativas, la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) denunció una “remarcación generalizada” de precios que llegó hasta el 10% en productos básicos, señalando al Gobierno nacional por haber “perdido el control de la economía”.

La advertencia se da en medio de un clima de incertidumbre cambiaria, con el dólar en torno a los $1.500 y una inflación que continúa erosionando los ingresos de los trabajadores y jubilados.

El secretario general de ATE Nacional, Rodolfo Aguiar, sostuvo que la suba de precios responde a una maniobra especulativa de las empresas ante la expectativa de una devaluación posterior a los comicios. “Este accionar especulativo y el hecho de que el Gobierno haya perdido el control sobre toda la economía agrava la pérdida del poder adquisitivo y termina de destruir los salarios y las jubilaciones”, afirmó el dirigente.

El gremio advirtió que más del 70% de los hogares de empleados estatales se encuentran endeudados en más de un salario y medio, mientras crece la morosidad en tarjetas y créditos personales. Frente a esta situación, ATE convocará un plenario nacional tras las elecciones para definir una nueva medida de fuerza y exigir la reapertura de las paritarias, cuya última actualización —del 12,3%— quedó muy por debajo de la inflación acumulada de 22% en lo que va de 2025.

Las denuncias sindicales se apoyan en datos de la consultora LCG, que registró aumentos semanales de hasta 3,7% en alimentos como lácteos y huevos, y del 3,2% en bebidas no alcohólicas. En algunos supermercados incluso se reportaron fallas en los sitios web que impidieron concretar compras, un fenómeno asociado a ajustes de precios diarios.

El panorama combina la inestabilidad económica con la falta de respuestas oficiales. Mientras los salarios públicos pierden poder de compra y los precios se actualizan al ritmo del dólar, la narrativa gubernamental insiste en que el ajuste es el único camino para “ordenar” la economía. Sin embargo, en los hechos, la pérdida de control sobre los precios y la parálisis de las negociaciones salariales reflejan un escenario de creciente desconexión entre el relato y la realidad social.

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