Cae el consumo de carne vacuna y golpea más fuerte a los sectores vulnerables
Frente a este panorama, la reconfiguración de los hábitos de consumo parece no ser transitoria. Expertos en consumo advierten que, cuanto más se prolongue la crisis, más difícil será recuperar patrones de alimentación históricos incluso si las condiciones económicas mejoran.

El consumo de carne vacuna en Argentina, tradicionalmente considerado un alimento esencial en la dieta nacional, sigue en descenso. La tendencia refleja no solo cambios de hábitos alimenticios, sino también el profundo impacto de la crisis económica, especialmente en los sectores de menores ingresos.
Según datos publicados por Ámbito.com, en los hogares que se encuentran por debajo de la línea de pobreza, la sustitución de los tradicionales cortes de carne por alternativas más económicas como el pollo, el cerdo y productos básicos como fideos, arroz o polenta se ha vuelto una práctica cada vez más extendida.
Este cambio responde a la imposibilidad de muchas familias de afrontar los elevados precios de la carne vacuna, que en los últimos meses ha registrado aumentos sostenidos muy por encima de la inflación general.
La disminución en el consumo de carne no solo evidencia una cuestión de poder adquisitivo, sino también implica consecuencias nutricionales. La carne vacuna aporta proteínas de alta calidad, hierro y otros nutrientes fundamentales que no siempre encuentran un reemplazo adecuado en otros alimentos más baratos. Así, la caída en su ingesta podría profundizar problemas de malnutrición en los sectores más vulnerables.
Analistas económicos advierten que el fenómeno tiene un doble impacto: mientras golpea directamente a los consumidores, también afecta al sector ganadero y a la industria frigorífica, que dependen del mercado interno para mantener sus niveles de producción y empleo. La baja en las ventas podría, a mediano plazo, alterar la estructura del mercado cárnico argentino, tradicionalmente uno de los más robustos del mundo.
La tendencia, que ya se había insinuado en años anteriores, se profundiza en 2025 en un contexto de alta inflación, caída del salario real y un encarecimiento generalizado de los alimentos básicos. A pesar de algunos programas gubernamentales de precios cuidados para ciertos cortes de carne, el acceso sigue siendo limitado para una gran parte de la población.
