Alimentación denunció ofensiva contra los gremios y alerta sobre un modelo económico que amenaza la industria nacional
La alerta fue lanzada durante el Congreso Extraordinario de Delegados y Delegadas, celebrado el pasado viernes bajo la conducción de Rodolfo Daer, donde también se designó por unanimidad la Junta Electoral que organizará las próximas elecciones del gremio.

En medio de una crisis económica profunda y un clima político cada vez más tenso, el Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación (STIA) de Buenos Aires advirtió sobre los riesgos de un proceso de desmantelamiento sindical impulsado desde el Gobierno Nacional.
Más allá de la cuestión institucional, el encuentro sirvió como escenario para una fuerte crítica al rumbo económico que impulsa la administración de Javier Milei. “Es inexplicable que el presidente sienta orgullo por los ajustes”, afirmó Daer, en referencia a la política de recorte del gasto público que, según denunció, solo agrava la desigualdad, la conflictividad social y la desindustrialización.
Un modelo sindical en la mira
Daer reivindicó el sistema sindical argentino como un ejemplo de participación democrática —con elecciones periódicas de comisiones internas y del Consejo Directivo—, pero denunció que el gobierno libertario avanza con una agenda que apunta a “hacer desaparecer los sindicatos”. Esta embestida, según el gremio, forma parte de una ofensiva más amplia que incluye la reforma laboral y previsional, con propuestas como elevar la edad jubilatoria a 70 o 75 años, flexibilizar derechos adquiridos y cercenar los espacios de representación de los trabajadores.
La lectura sindical va más allá de una disputa sectorial: el STIA interpreta el momento actual como una puja entre dos modelos de país. Por un lado, uno que defiende la organización colectiva, la industria nacional y el rol del Estado; por otro, un proyecto que promueve la liberalización extrema de la economía, el debilitamiento de los derechos laborales y la concentración de poder en el capital privado.
Conflictos laborales en el sector
En este contexto adverso, el gremio también abordó conflictos puntuales en empresas del rubro alimenticio que, a su juicio, ejemplifican el retroceso en condiciones laborales. En Georgalos, se produjo un paro por el despido de cinco trabajadores, desoyendo la conciliación obligatoria dictada por el Ministerio de Trabajo. La empresa, denunciaron, incurrió en prácticas ilegales que llevaron a sanciones, mientras el sindicato continúa reclamando la reincorporación del personal despedido.
Por su parte, en Molinos, el secretario adjunto Sergio Escalante denunció un intento empresarial de eliminar ítems salariales ganados en años de negociación colectiva, con la amenaza adicional de deslocalizar la producción si los trabajadores no aceptan las nuevas condiciones. La presión sobre el salario y los puestos de trabajo se da en un marco de creciente impunidad patronal y reducción de los márgenes de protección institucional.
Industria nacional y desarrollo
Más allá de los reclamos coyunturales, el STIA se posicionó con una mirada estratégica: “Sin industrias no hay nación”. La consigna resume una crítica estructural a la orientación económica actual, que favorece la apertura de importaciones, debilita el mercado interno y expone a los sectores productivos a la competencia desleal del exterior. Para el gremio, la defensa del empleo no puede disociarse de la defensa del aparato productivo, ni del rol del Estado como promotor del desarrollo económico y garante de los derechos sociales.
Rodolfo Daer también subrayó la importancia de la educación pública y superior como herramientas fundamentales para el desarrollo con equidad, y reafirmó que la lucha del sindicato no se reduce al ámbito gremial: “Es una lucha por el bienestar de los trabajadores, de sus familias y por el futuro del país”.
Entre la resistencia y la reconstrucción
En momentos donde el discurso oficial busca instalar la idea de que los sindicatos son parte del problema y no de la solución, el STIA se planta en una posición defensiva pero activa. Reivindica su legitimidad democrática, denuncia la avanzada contra los derechos laborales y llama a construir una respuesta colectiva en unidad.
La lectura analítica del congreso sindical revela que el conflicto no es solo salarial o jurídico: es político y cultural. Lo que está en juego es el lugar que ocuparán los trabajadores en la Argentina que viene. Mientras el Gobierno insiste en imponer su agenda de desregulación y ajuste, el sindicalismo de base comienza a reagruparse para enfrentar lo que percibe como una amenaza a su propia existencia.
La pregunta no es si habrá conflicto, sino cuán profunda será la resistencia. Y, más aún, si podrá articularse con otros sectores sociales para disputar el modelo de país en crisis.
