Desilusión gremial: el sindicalismo peronista quedó fuera de juego en el cierre de listas
Lo que se perfilaba como una oportunidad para fortalecer la representación política del movimiento obrero, terminó en un desfile de frustraciones, reproches y sospechas de maniobras oscuras al interior del espacio político que conduce Axel Kicillof.

El sindicalismo peronista vivió una de sus noches más oscuras en años. Sin mística, sin lugar en las listas y con un cierre electoral plagado de incertidumbre, los gremios no lograron posicionar a ninguno de sus dirigentes en lugares expectantes para cargos legislativos provinciales.
Con una escena digna de realismo político argentino, el cierre de listas del frente Fuerza Patria dejó una postal inquietante: apagones intencionales en la sede de la junta electoral, dirigentes que figuraban en listas sin haber firmado, y un clima lúgubre que contrastó con el orden férreo de La Libertad Avanza a solo unas cuadras de distancia. “La puerta de la Gobernación parecía un velorio”, resumió un dirigente, en alusión a las caras largas y la falta de dirección política que marcó la jornada.
El sindicalismo, sin voz ni voto
A pesar de haber acompañado con disciplina al gobierno provincial en momentos clave —desde las paritarias con salarios contenidos hasta el sostenimiento político en los momentos de mayor tensión social—, la CGT bonaerense regresó de La Plata con las manos vacías. Ni un dirigente de peso logró colarse en los primeros lugares de las listas legislativas. Lo más cercano fue Pablo Boschi, del Sindicato del ACA, que firmó en el puesto número 12 de la lista de diputados provinciales por la Tercera sección electoral. Con suerte, entrarían nueve legisladores.
El desaire político no fue solo numérico. Fue simbólico. Y dejó al desnudo la falta de una estrategia clara por parte del gobernador Kicillof para sostener una alianza con el movimiento obrero en términos programáticos y de representación real. La confianza entre gremios y oficialismo provincial parece ahora seriamente dañada.
El desconcierto de los leales
El caso del ministro de Trabajo bonaerense, Walter Correa, es elocuente: once horas antes del cierre de listas, aún denunciaba que La Cámpora le bloqueaba lugares incluso en su propio municipio, Moreno. Lo ningunearon. Y si el ministro sindicalista del gabinete provincial no logró siquiera ubicar un consejero escolar, ¿qué margen queda para los gremios medios o pequeños?
Los gremios que sostuvieron durante años la estructura del peronismo bonaerense ahora enfrentan una doble presión: en lo político, porque sus estructuras no tienen garantizado ningún retorno; y en lo gremial, porque deben dar explicaciones a sus bases por haber apoyado un gobierno que entrega paritarias a la baja, ajusta sin admitirlo y promete poco a cambio.
Sindicatos como ATE o SUTEBA, que convivieron con una creciente tensión entre militancia y realidad económica, hoy ven cómo ese capital político se disuelve en un tren fantasma sin rumbo electoral ni estrategia de contención.
¿Octubre como redención o ruptura?
Resta aún el cierre de listas para diputados nacionales rumbo a octubre, pero la señal que dejó el armado provincial es clara: el sindicalismo peronista quedó al margen del diseño político de Kicillof. Algunos dirigentes ya se preguntan abiertamente si tiene sentido seguir apostando por un espacio que no les reconoce ni lugares, ni peso, ni legitimidad interna, pese a su histórico rol como columna vertebral del peronismo.
En los municipios, el retroceso también es palpable: las candidaturas sindicales a concejales cayeron un 50% respecto a las últimas elecciones. Es un síntoma del deterioro de la representación gremial en las estructuras locales y del avance de otros sectores —más tecnocráticos, más militantes, menos orgánicos— en la confección de las listas.
El ocaso de una alianza sin alma
El cierre de listas de Fuerza Patria fue el espejo de un ciclo político que parece extinguirse sin gloria: sin debate, sin mística, sin alma. Para el sindicalismo, que históricamente fue termómetro y motor del peronismo, el mensaje fue tan contundente como doloroso: hoy no son necesarios.
El interrogante que se abre es si, frente a esta exclusión sistemática, los gremios seguirán apostando a una alianza que los relega, o si comenzarán a trazar un nuevo mapa político, más autónomo y menos complaciente. Octubre podría marcar no solo una elección, sino una redefinición del vínculo entre el sindicalismo y el poder político peronista.
Por ahora, la CGT bonaerense quedó fuera del juego. Y sin ficha para la próxima partida.
