Acindar Villa Constitución paraliza el 85% de la producción: «No hubo en ningún momento un repunte»
La siderúrgica Acindar, emblema de la industria metalúrgica nacional, paralizó el 85% de su producción en la planta de Villa Constitución, Santa Fe, afectando a más de 500 trabajadores que fueron suspendidos durante una semana.

La decisión, que incluye el cierre temporal de dos trenes de acería, refleja una realidad que el Gobierno intenta minimizar: no hay señales de repunte en la actividad industrial y el freno productivo se profundiza.
El dato es alarmante por varias razones. Primero, porque la siderurgia es un termómetro clave de la economía: cuando se detiene la producción de acero, se paralizan sectores como la construcción, la obra pública y la fabricación de maquinaria, todos motores de generación de empleo. Segundo, porque la crisis no es coyuntural ni responde a una simple reprogramación de turnos; según fuentes de la propia compañía, “todos los niveles de producción están por debajo de los planteles que tenemos”, lo que obligó a implementar un esquema de trabajo intermitente (tres semanas de actividad y una parada completa).
La planta, que en noviembre de 2023 empleaba a 1.230 trabajadores, hoy cuenta con 930 tras retiros voluntarios y reducción de contratos. A esto se suma la pérdida masiva de contratistas, un indicador más del deterioro estructural. El excedente de entre 15.000 y 20.000 toneladas de acero que Acindar acumula cada mes confirma el desplome de la demanda interna, en un contexto donde el consumo y la inversión se encuentran en mínimos históricos.
La política oficial, sin embargo, parece desentenderse del problema. La diputada santafesina Florencia Carignano denunció que tanto el gobierno nacional como el provincial intentan ocultar la gravedad de la situación: “No es noticia porque al gobierno de Milei y Pullaro no les conviene que se sepa, pero Acindar está paralizada”. El silencio oficial contrasta con la magnitud del parate, que golpea a una de las industrias estratégicas del país.
Este escenario plantea interrogantes críticos: ¿cómo sostener el empleo y la competitividad industrial en medio de un ajuste que prioriza la estabilidad fiscal sobre la producción? ¿Cuál será el costo social si, como anticipan los trabajadores, “no hay repunte en el horizonte” hasta fin de año?
La crisis de Acindar no es un hecho aislado: es la señal más contundente de que la recesión industrial argentina está lejos de tocar piso. Si el Gobierno insiste en negar la realidad, el riesgo no solo es económico, sino también social y político.
