Zuckerberg declara ante la Justicia por presuntos daños de Meta en adolescentes
El consejero delegado de Meta Platforms, Mark Zuckerberg, comparecerá ante un jurado en California en un proceso que trasciende un caso individual: el juicio busca determinar si el diseño y los algoritmos de sus redes sociales contribuyen a generar adicción y daños psicológicos en menores de edad.

La demanda fue presentada por una joven identificada como KGM, hoy de 20 años, quien sostiene que durante su infancia el uso de plataformas como Instagram y YouTube profundizó una dependencia tecnológica que agravó pensamientos depresivos y suicidas.
La acusación no se centra solo en los contenidos, sino en decisiones de diseño —como la reproducción automática o el “scroll infinito”— que, según los demandantes, estarían pensadas para maximizar la permanencia y, por ende, la rentabilidad.
El caso, tramitado en el Tribunal Superior de Los Ángeles, fue calificado como un bellwether trial, es decir, un proceso testigo cuyo veredicto podría orientar miles de demandas similares en Estados Unidos. En ese contexto, la declaración de Zuckerberg adquiere peso estratégico: no solo responde por un expediente puntual, sino por el modelo de negocio de la compañía.
Meta rechaza las acusaciones y sostiene que sus plataformas incorporan herramientas de protección para adolescentes, como cuentas privadas por defecto y controles parentales. Su defensa jurídica también se apoya en la Sección 230 de la Ley de Decencia en las Comunicaciones, norma que protege a las empresas tecnológicas de responsabilidad directa por contenidos generados por terceros.
Sin embargo, el debate judicial va más allá de la moderación de contenidos. La jueza del caso consideró que existen elementos suficientes para que un jurado analice si las funciones orientadas a maximizar la interacción —y no solo los mensajes publicados— pueden tener efectos perjudiciales en la salud mental. Es un punto clave: si la arquitectura de la plataforma influye en la conducta, la discusión deja de ser meramente editorial y pasa a ser estructural.
Durante el juicio también declaró Adam Mosseri, responsable de Instagram, quien negó que pueda hablarse de “adicción clínica” a las redes sociales y defendió que a largo plazo no sería rentable para la empresa perjudicar a sus propios usuarios. No obstante, estudios recientes —como uno impulsado por el denunciante Arturo Béjar junto a académicos estadounidenses— cuestionaron la eficacia de varias herramientas de seguridad de Meta, al detectar recomendaciones de contenido sensible en cuentas de adolescentes.
El proceso se desarrolla en un contexto internacional de creciente presión regulatoria. Varios países europeos analizan restricciones de edad y mayores exigencias para plataformas digitales, reflejando una preocupación global sobre el impacto de los algoritmos en menores.
En última instancia, el juicio interpela un dilema central del ecosistema digital: hasta qué punto la lógica de maximizar la atención —principal activo económico de las redes sociales— es compatible con la protección de usuarios vulnerables. La respuesta no solo afectará a Meta, sino al conjunto de la industria tecnológica.
