25 de junio de 2026

Visita relámpago de Javier Milei a Bahía Blanca: no habló con los vecinos ni con la prensa

Su visita, que duró apenas un par de horas, se llevó a cabo seis días después de la tragedia que dejó un saldo provisorio de 16 muertos y decenas de desaparecidos, y que ha dejado a miles de familias sin hogar.

En una jornada que debería haber estado marcada por la empatía y la cercanía con las víctimas del devastador temporal que azotó Bahía Blanca, el presidente Javier Milei optó por un recorrido fugaz que dejó más preguntas que respuestas.

Acompañado por una comitiva reducida, Milei se limitó a realizar un recorrido por varios puntos de la ciudad, incluidos el Centro de Monitoreo y el hospital de campaña, pero se abstuvo de hacer declaraciones a la prensa o de interactuar con los vecinos que lo esperaban con la esperanza de ser escuchados. En un momento en que la comunidad necesitaba apoyo y comprensión, el mandatario se mostró distante y hermético, un comportamiento que ha sido ampliamente criticado.

La falta de interacción con los medios y con los afectados dejó a muchos con un sentimiento de desamparo. Los gritos de repudio que surgieron de la multitud al cordón de seguridad, donde algunos vecinos se acercaron para expresar su descontento, fueron claros: «¡Manga de caretas! ¡Traé los colchones, vení a escuchar a los vecinos que están ahí!» La desconexión entre el gobierno y la ciudadanía se hizo evidente, y la visita se convirtió en un mero acto protocolar, sin el componente humano que se esperaba en un momento tan crítico.

La llegada del tren solidario, cargado de donaciones y acompañado de voluntarios que mostraban su apoyo a la comunidad, contrastó con la actitud de Milei. Mientras la ciudad lucha por reconstruirse, su presencia se sintió más como una formalidad que como un acto de solidaridad genuina. La ausencia de un diálogo abierto con los ciudadanos, que claman por ayuda y respuestas, plantea serias dudas sobre la capacidad del gobierno para gestionar la crisis y conectar con las realidades de quienes sufren.

En un país que atraviesa tiempos difíciles, la expectativa es que los líderes se acerquen a las comunidades afectadas, escuchen sus necesidades y trabajen en conjunto para encontrar soluciones. La visita de Milei, en cambio, dejó una sensación de vacío y desinterés, un recordatorio de que la política no puede permitirse el lujo de ser ajena al sufrimiento de la gente.

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