24 de junio de 2026

Diputada de LLA trató a los jubilados de «pelagatos delincuentes»

En lugar de reconocer la validez de sus reclamos, Orozco optó por descalificarlos, refiriéndose a ellos como “pelagatos delincuentes” y minimizando su presencia en las calles, sugiriendo que solo eran unos pocos que buscaban hacer “show”.

La diputada de La Libertad Avanza (LLA), Emilia Orozco, se despachó con comentarios despectivos hacia los jubilados que se manifestaron en demanda de sus derechos.

Las palabras de Orozco no solo revelan una falta de empatía hacia una de las poblaciones más vulnerables de nuestra sociedad, sino que también ponen de manifiesto una preocupante tendencia a deshumanizar a aquellos que se atreven a alzar la voz en defensa de sus derechos. Los jubilados, quienes han trabajado toda su vida y contribuido al desarrollo del país, merecen respeto y consideración, no insultos y descalificaciones.

El reclamo de los jubilados no es un fenómeno nuevo; ha sido una lucha constante por la defensa de sus pensiones, la mejora de sus condiciones de vida y el reconocimiento de su dignidad. Las manifestaciones de jubilados, lejos de ser un “show”, son el resultado de años de desatención y de políticas que han relegado a este sector a una situación de precariedad. La diputada parece desconocer o, peor aún, elegir ignorar la historia reciente que ha llevado a estos ciudadanos a salir a las calles en defensa de sus derechos.

El cuestionamiento de Orozco sobre “la necesidad de estar malgastando recursos humanos” para cuidar a los jubilados en sus manifestaciones es, en sí mismo, un reflejo de una mentalidad que prioriza la represión sobre el diálogo y la comprensión. La seguridad y la protección de los derechos de todos los ciudadanos deben ser una prioridad para cualquier gobierno, y las manifestaciones pacíficas son una forma legítima de expresar descontento y exigir atención a problemáticas urgentes.

La descalificación de los jubilados por parte de una representante del pueblo es un claro indicador de una desconexión alarmante entre los funcionarios y la realidad que vive la ciudadanía. La falta de respeto hacia los manifestantes no solo es un ataque personal hacia quienes luchan por sus derechos, sino que también es un ataque a la democracia misma, que se nutre del debate, la expresión y la participación ciudadana.

Es imperativo que los líderes políticos adopten una postura de escucha activa y se comprometan a abordar las demandas de los ciudadanos, en lugar de descalificarlos. La historia nos ha enseñado que la deshumanización de cualquier grupo social es el primer paso hacia la marginación y el olvido. Orozco, al insultar a los jubilados, no solo falla en su deber como representante, sino que también contribuye a un clima de hostilidad que puede tener consecuencias devastadoras para la cohesión social.

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