Quórum, alianzas y pases de factura: la oposición expuso las tensiones políticas detrás del blindaje a Adorni
El debate por el denominado Súper RIGI y el esquema de pago a los holdouts quedó atravesado por las recriminaciones en torno a la fallida moción de censura contra el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, cuya continuidad volvió a ser objeto de cuestionamientos.

La Cámara de Diputados volvió a convertirse este miércoles en escenario de una fuerte disputa política que dejó al descubierto las complejas relaciones entre el oficialismo, sus aliados circunstanciales y una oposición que busca capitalizar el desgaste del Gobierno.
Lejos de limitarse a una discusión reglamentaria, la sesión exhibió una puja más profunda: la batalla por el control de la agenda parlamentaria y el costo político de sostener a un funcionario cuestionado. La incapacidad de la oposición para reunir el quórum necesario el día anterior dejó heridas abiertas que rápidamente afloraron en el recinto.
La diputada del Frente de Izquierda, Myriam Bregman, fue una de las voces más críticas al apuntar contra aquellos sectores que, según denunció, evitaron dar quórum para impedir el tratamiento de la censura a Adorni. Con un discurso cargado de ironía y acusaciones, cuestionó la coherencia de dirigentes que suelen presentarse como defensores de la transparencia institucional.
Su frase sobre los “pendrives de diferencia” para habilitar o no una sesión se convirtió en uno de los momentos más resonantes del debate, al sugerir que detrás de determinadas decisiones parlamentarias podrían existir motivaciones alejadas de las explicaciones formales. Más allá de la provocación, la expresión reflejó el clima de sospecha y desconfianza que atraviesa actualmente la dinámica legislativa.
A las críticas se sumó el diputado de la Coalición Cívica, Maximiliano Ferraro, quien sostuvo que la situación política de Adorni se ha vuelto difícil de sostener y cuestionó la credibilidad del funcionario, argumentando que su desempeño ha generado una pérdida de confianza tanto dentro del Congreso como en la opinión pública.
Sin embargo, la defensa más firme del oficialismo y sus aliados llegó desde el PRO. El jefe de la bancada, Cristian Ritondo, justificó la decisión de no contribuir al quórum al considerar que la sesión impulsada por la oposición tenía un carácter meramente político y carecía de posibilidades reales de prosperar. Según su interpretación, incluso con asistencia perfecta la moción no habría conseguido los votos necesarios para avanzar.
La postura del PRO dejó en evidencia una vez más el delicado equilibrio que mantiene el partido respecto del Gobierno nacional. Aunque conserva identidad propia y diferencias puntuales con La Libertad Avanza, en votaciones clave continúa funcionando como un sostén legislativo fundamental para la administración de Javier Milei.
La respuesta no tardó en llegar desde Unión por la Patria. El presidente del bloque peronista, Germán Martínez, eligió la ironía para desacreditar los argumentos de Ritondo y remarcar las contradicciones que, a su juicio, exhiben quienes rechazan determinadas iniciativas en el recinto mientras respaldan indirectamente al oficialismo con su ausencia.
Detrás de los cruces verbales quedó expuesto un dato político relevante: la discusión ya no gira exclusivamente en torno a Manuel Adorni. El verdadero debate pasa por la construcción de mayorías parlamentarias y por el rol que desempeñan los bloques dialoguistas en la supervivencia legislativa del Gobierno.
Mientras el oficialismo busca avanzar con proyectos considerados estratégicos para su programa económico, la oposición intenta instalar la idea de que existe un esquema de protección política que impide avanzar sobre responsabilidades institucionales. En ese contexto, cada ausencia, cada voto y cada quórum se transforman en una señal política de alto impacto.
La sesión dejó así una postal cada vez más frecuente en el Congreso: un oficialismo sin mayoría propia que depende de acuerdos tácticos para sostener su agenda, y una oposición fragmentada que, pese a sus diferencias internas, encuentra en las críticas al Gobierno un punto de coincidencia. La disputa por Adorni fue apenas el capítulo más visible de una pulseada que promete seguir marcando el ritmo de la actividad parlamentaria en las próximas semanas.
