Una familia necesitó más de $1,6 millones para no ser pobre, el costo de vida sigue golpeando a los argentinos
La cifra de $1,6 millones necesaria para superar la línea de pobreza funciona así como una referencia contundente sobre la magnitud de los ingresos que exige la vida cotidiana.

El costo de los productos y servicios esenciales continúa presionando sobre los ingresos de los hogares. En septiembre, una familia tipo de cuatro integrantes necesitó $1.632.505 para no quedar por debajo de la línea de pobreza, de acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).
Mientras tanto, las canastas básicas registraron aumentos que reflejan las dificultades para sostener el poder adquisitivo en un contexto de precios todavía elevados.
Según el organismo estadístico, tanto la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que determina el umbral de indigencia, como la Canasta Básica Total (CBT), utilizada para establecer la línea de pobreza, aumentaron un 1,7% durante el noveno mes del año. En la comparación interanual, la suba alcanzó el 40% para la canasta alimentaria y el 38,7% para la total.
Las cifras exponen una realidad que va más allá de los indicadores generales de inflación: los hogares necesitan ingresos cada vez más elevados para cubrir sus necesidades básicas, mientras que la capacidad de compra de los salarios continúa bajo presión.
Los ingresos, cada vez más exigidos
De acuerdo con los valores informados, una persona adulta necesitó $528.319 mensuales para no ser considerada pobre y $239.058 para no caer en la indigencia. Estos montos reflejan el costo mínimo estimado para cubrir las necesidades contempladas en cada canasta, sin que ello implique necesariamente que los hogares puedan afrontar otros gastos o mantener condiciones de vida adecuadas.
La evolución interanual también evidencia la magnitud del encarecimiento: la canasta alimentaria acumuló un incremento del 25,3%, mientras que la canasta total avanzó un 24,7% en el período informado. Estas cifras deben leerse con atención al período de referencia de cada indicador, dado que el aumento mensual y la variación acumulada no representan la misma medición.
La baja inflación no alcanza para aliviar el bolsillo
Aunque las canastas básicas subieron menos que el Índice de Precios al Consumidor (IPC), que registró un 1,9% en septiembre, el dato no implica una mejora automática en la situación de las familias. Una desaceleración de los precios significa que aumentan a un ritmo menor, pero no que los productos y servicios se abaraten ni que los ingresos recuperen el terreno perdido.
El principal problema sigue siendo la relación entre los salarios y el costo de vida. Para los hogares con ingresos ajustados, cubrir alimentación, transporte, vivienda, servicios y otras necesidades esenciales continúa siendo un desafío cotidiano.
En este escenario, los datos del INDEC vuelven a poner en discusión el alcance social del programa económico. Si bien la reducción de la inflación constituye uno de los objetivos centrales del Gobierno, la mejora de los indicadores macroeconómicos no necesariamente se traduce en un alivio inmediato para la población.
