17 de octubre de 2021

Tres principios para vivir una sexualidad plena en una sociedad liberal y posmoderna

3 minutos de lectura
Prof. Andrés Martínez

La sociedad actual impone modismos propios de este tiempo a la sexualidad humana como si esta fuera un simple bien de consumo. A tal punto, que cuando se trata de sexo, asumimos sin cuestionamientos aquello que nos repiten insistentemente; lo que vemos, lo que debemos ser y sobre todo, cómo debemos ser. El profesor Andrés Martínez se posiciona en la grieta y propone una triada sublime para entender la sexualidad humana desde una visión bíblica, donde el ser humano, creación divina, hace gala de una sexualidad con triple propósito: La productividad, reproductividad y proactividad. Revalida esa sexualidad a partir de principios fundados con firmeza en una identidad sexual y postula el carácter bello, placentero y que hace bien, de la práctica de la sexualidad, sin injerencias ideológicas.

Uno de los grandes dilemas que se manifiesta en la sexualidad humana, es saber cómo vivenciar la plenitud recreativa y natural del desarrollo sexual a lo largo de la vida sin inquirir en ideales filosóficos y culturales que tiñen de confusa a la condición natural.

Las corrientes de pensamiento actual están escribiendo nuevas concepciones antinaturales de la sexualidad y es preciso reivindicar los propósitos connaturales antes que el arquetipo biológico termine por derrumbarse y el caos irrumpa por completo en la identidad sexual de cada persona.

Tanto es así que, es necesario reflejar tres principios (ilustrado de la triada platónica) que nos brindará una perspectiva real de lo que la sexualidad significa para reafirmar la identidad sexual en plenitud desde la niñez y hasta la vejez.

El primer propósito está orientado a validar, mediante la verdad absoluta de la creación, el origen de la mujer y del varón a través de la magistral intervención de un Ser Divino que lo hizo a Su imagen y semejanza; “hombre y mujer, Dios los Creó”.

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Esta afirmación se registra en el libro más vendido en la historia de la humanidad, la Biblia, cuando uno de sus autores expresó lo siguiente: “Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre” (Sal 139:13). Desde la concepción, cada persona es direccionada para la vida a cumplir un propósito que trasciende y que se ubica en la palestra de la productividad, reproductividad y proactividad.

En segundo lugar, la sexualidad cumple con un perfil bondadoso o de bien. Hacer el bien es hacerse, primeramente, bien a uno mismo, valorarse y ejercer con firmeza su identidad sexual.

Esta idea de aceptarse y honrar el sexo opuesto viene en desgaste por la polarización del globalismo multicultural que ha impuesto ideales macro-políticos y  económicos que son un anatema a la virtud original de ser varón y ser mujer.

Esta tendencia ideológica, presupone un despertar urgente en cada persona a comprender que la sexualidad es un bien preciado que debe auto valorarse y practicar la bondad de valorar al sexo opuesto tal y como Dios la Creó. 

El tercer y último propósito, está enfocado en la belleza de la sexualidad. Un sabio dijo lo siguiente: “Joven, la juventud es un tesoro. ¡Disfruta cada minuto de ella! ¡Haz cuanto se te antoje! Pruébalo todo, pero sabe que tendrás que rendirle cuentas a Dios de cuanto hagas” (Ec 11:9). La sexualidad es bella y placentera al punto que debe valerse por tal virtud y potenciar en el hombre y la mujer los derechos de disfrutarla pura y sanamente. Gozar de la belleza de la sexualidad implica tomar decisiones asertivas que conduzcan a un bienestar pleno y armonioso entre lo permitido y prohibido.

Los entretenimientos de la posmodernidad, ubican a la sexualidad en la esfera de la liberalidad y revolución sexual, en donde la belleza sexual es sinónimo de la exposición total y desrobustece sus implicancias saludables. Por lo dicho, creo firmemente que la sexualidad debe reivindicarse en sus múltiples formas de gozarla, disfrutarla y respetarla. Ante la creciente y reinante confusión de ideales en lo sexual, cualquier persona tiene a su alcance la enorme posibilidad de gozar plenamente la salud sexual sin injerencias ideológicas y perversas.

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