Sinteplast apuesta por Brasil ante los costos argentinos
Cuando las empresas encuentran mayores incentivos para producir fuera del país, la discusión deja de ser exclusivamente empresarial y se convierte en un desafío para la política económica, que deberá encontrar mecanismos para recuperar competitividad sin comprometer el desarrollo industrial ni la calidad del empleo.

La decisión de Sinteplast de abastecer parte de sus mercados internacionales desde Brasil volvió a poner en el centro de la escena uno de los principales desafíos que enfrenta la industria argentina: producir en el país resulta cada vez menos competitivo frente a otras economías de la región.
Detrás de esa estrategia empresarial aparece un entramado de altos costos laborales, presión fiscal y dificultades estructurales que, según advierten distintos sectores productivos, condicionan la capacidad exportadora y las posibilidades de generar empleo.
La directora de la compañía, Marysol Rodríguez, reconoció que la empresa modificó su esquema de comercio exterior para preservar su presencia en los mercados regionales. En declaraciones al programa Ahora Play, explicó que, en muchos casos, resulta más conveniente exportar desde las plantas que la firma posee en otros países que hacerlo desde Argentina.
«Tenemos que sostener nuestros mercados y exportar desde donde somos más competitivos», sostuvo la ejecutiva, al señalar que parte de las operaciones destinadas a Chile hoy salen desde Brasil y no desde las instalaciones argentinas.
Sus declaraciones reflejan una tendencia que preocupa al sector manufacturero: cuando las empresas mantienen sus exportaciones, pero trasladan la producción hacia otros países, el impacto no solo se observa en las estadísticas del comercio exterior, sino también en la utilización de la capacidad instalada, la inversión y el empleo local.
Rodríguez atribuyó esta pérdida de competitividad a una combinación de factores. Además de la carga tributaria, mencionó el peso de las contribuciones patronales y otros costos asociados a producir en Argentina, que terminan encareciendo el producto final frente a competidores regionales.
Uno de los aspectos más controvertidos de su análisis estuvo vinculado a los salarios. La empresaria afirmó que Argentina registra actualmente uno de los costos laborales medidos en dólares más elevados de América Latina. Sin embargo, esa afirmación deja al descubierto una de las principales contradicciones de la economía argentina: mientras para las empresas el costo salarial resulta elevado, para los trabajadores los ingresos continúan perdiendo poder adquisitivo frente al aumento del costo de vida.
Esa paradoja evidencia que el problema excede la discusión sobre los salarios. Un ingreso alto en dólares no necesariamente implica una mejora en las condiciones de vida cuando la economía también se encarece en esa moneda. El resultado es un escenario donde las empresas ven deteriorada su competitividad y, al mismo tiempo, los trabajadores encuentran crecientes dificultades para sostener su nivel de consumo.
En ese contexto, las declaraciones de la directora de Sinteplast vuelven a abrir el debate sobre las condiciones necesarias para recuperar competitividad sin trasladar el costo exclusivamente al empleo o a los salarios. El desafío pasa por reducir las distorsiones estructurales que elevan el costo de producir en Argentina, mejorar la productividad y generar un marco que incentive la inversión industrial sin profundizar la pérdida de poder adquisitivo.
Pese al diagnóstico crítico, Rodríguez destacó que el país mantiene ventajas difíciles de replicar. Resaltó la calidad de la mano de obra, la disponibilidad de materias primas y la capacidad técnica del sector industrial argentino como activos estratégicos. Sin embargo, advirtió que esas fortalezas podrían resultar insuficientes si continúan predominando los sobrecostos que llevan a las empresas a producir y exportar desde otros mercados.
