8 de mayo de 2026

Según informe, el 52% de los adolescentes no puede proyectar su futuro laboral

Un informe elaborado a partir de las pruebas PISA 2022 encendió una señal de alarma: el 52% de los jóvenes de 15 años no logra proyectar una ocupación para su vida adulta, más del doble que en 2018, cuando ese porcentaje era del 22%.

Cada vez más adolescentes argentinos llegan al final de la escuela secundaria sin poder imaginar qué trabajo tendrán en el futuro.

Detrás de ese salto no aparece únicamente una falta de vocación individual, sino una combinación de crisis económica, precarización laboral, desigualdad social y debilitamiento del sistema educativo. El estudio, realizado por especialistas de la Organización de Estados Iberoamericanos (OAI), CONICET y UNSAM para Argentinos por la Educación, expone una generación atravesada por la incertidumbre y con crecientes dificultades para construir expectativas de futuro.

La imposibilidad de proyectarse laboralmente refleja un contexto donde el empleo formal resulta cada vez más inaccesible para los jóvenes. Según explicó Julio Bresso, especialista en gestión humana y docente universitario, el desempleo juvenil casi triplica al de los adultos y seis de cada diez jóvenes trabajan en condiciones informales, sin derechos laborales básicos ni estabilidad. En ese escenario, pensar en una carrera profesional o en un proyecto de vida sostenido aparece como una aspiración lejana para amplios sectores sociales.

El informe también evidencia que las desigualdades económicas condicionan de manera directa las expectativas de los adolescentes. Entre los estudiantes de menores recursos, casi seis de cada diez no pueden imaginar un trabajo futuro, mientras que en los sectores más favorecidos la proporción desciende significativamente. La brecha también se profundiza según el rendimiento escolar: quienes presentan mayores dificultades académicas muestran niveles más altos de indefinición laboral.

Especialistas advierten que la escuela secundaria enfrenta un creciente desacople con el mundo del trabajo. Aunque la mayoría de los estudiantes asegura querer continuar estudios superiores, muchos lo hacen sin herramientas concretas ni orientación suficiente para insertarse laboralmente. El problema, señalan, no pasa solamente por acceder a la educación, sino por la falta de un vínculo real entre formación, empleo y oportunidades de desarrollo.

En paralelo, la expansión de la inteligencia artificial y la automatización suma nuevas tensiones a un mercado laboral ya deteriorado. Mientras las tareas rutinarias tienden a desaparecer, las habilidades vinculadas a la adaptación, la comunicación y el trabajo colaborativo adquieren mayor valor. Sin embargo, estas competencias no siempre son promovidas de manera efectiva dentro del sistema educativo.

La investigadora Romina De Luca sostuvo que las expectativas de los jóvenes están fuertemente condicionadas por la trayectoria educativa y laboral de sus familias. Según indicó, gran parte de quienes provienen de hogares donde los adultos no finalizaron la secundaria reproducen las mismas limitaciones estructurales, consolidando un círculo de exclusión social difícil de revertir.

El informe deja al descubierto un problema que excede las decisiones individuales: una generación que crece en medio de la precariedad, con menos certezas sobre su futuro y con un Estado que no logra garantizar condiciones mínimas de integración educativa y laboral.

En ese contexto, la tradicional pregunta sobre “qué quieren ser cuando sean grandes” comienza a perder sentido frente a una realidad donde, para millones de jóvenes, el futuro aparece marcado más por la incertidumbre que por las oportunidades.

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