17 de junio de 2026

Según Gabriel de Erausquin hay pruebas que confirmarían que el Covid-19 se creó en un laboratorio chino

De Erausquin afirma que las evidencias disponibles confirman que el Covid-19 fue creado en un laboratorio de China, específicamente en Wuhan, y que su escape habría sido producto de condiciones deficientes de bioseguridad en dichas instalaciones.

Recientes declaraciones del neuropsiquiatra argentino Gabriel de Erausquin levantaron cuestionamientos sobre el origen del virus SARS-CoV-2, responsable de la pandemia que ha causado aproximadamente 15 millones de muertes entre 2020 y 2021.

Este diagnóstico se basa en análisis científicos que indican que el virus tiene una naturaleza artificial. Según el especialista, desde el inicio de la pandemia, se detectaron indicios de que la proteína del virus era semisintética, es decir, creada en un entorno controlado.

Esta conclusión fue respaldada por estudios publicados en 2020 por grupos de investigación en Shanghai, Holanda y Reino Unido, que coincidieron en que el SARS-CoV-2 no era exclusivamente natural sino que contenía componentes sintéticos. La viróloga china Li Meng Yan, quien fue una de las primeras en advertir sobre este aspecto, actualmente reside en California, lo que ha alimentado aún más las especulaciones sobre una posible manipulación en laboratorio.

De Erausquin sugiere que el virus pudo haber sido desarrollado como parte de un proyecto para crear una vacuna, pero que, por condiciones de bioseguridad precarias, terminó escapando y causando la pandemia. Esta hipótesis, si bien es controvertida y aún en investigación, plantea la necesidad de revisar con rigor los protocolos en laboratorios de alta peligrosidad en China y en otros países.

Más allá del origen, el especialista también compartió hallazgos recientes sobre las secuelas cognitivas del Covid-19, evidenciando que ciertos individuos, por susceptibilidad genética, pueden experimentar síntomas prolongados y manifestaciones tempranas de Alzheimer tras la infección. Entre estos efectos se encuentran pérdida persistente del olfato, deterioro de la memoria a corto plazo y dificultades en la organización y el recuerdo de palabras, afectando significativamente la calidad de vida de los pacientes.

Este panorama evidencia que el impacto del virus va más allá de la fase aguda de la enfermedad, dejando secuelas que podrían tener implicaciones a largo plazo en la salud cerebral. La relación entre el origen del virus y sus efectos neurológicos continúa siendo objeto de investigación, pero la posible creación en laboratorio y la fuga accidental añaden una capa adicional de complejidad a la narrativa que rodea a la pandemia.

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