SanCor al borde del colapso: trabajadores denuncian incumplimientos salariales
La crisis que atraviesa SanCor Cooperativas Unidas Limitadas (CUL), una de las empresas lácteas más emblemáticas del país, se profundiza a pasos acelerados.

Esta semana, los trabajadores emitieron un duro comunicado en el que denuncian el incumplimiento total del pago de salarios, tanto los anteriores como los posteriores a la apertura del concurso preventivo. La situación ha paralizado el 90% de las plantas industriales y pone en riesgo la subsistencia de cientos de familias, empujando al personal a proponer un plan de lucha nacional.
«Nos adeuda hacia atrás del concurso, y tampoco nos paga hacia adelante», alertaron desde el Cuerpo de Delegados, en un contexto donde el único respaldo activo proviene del sindicato ATILRA. La empresa, mientras tanto, guarda silencio sobre el futuro inmediato, pese a haber informado al juzgado del concurso que existirían propuestas de inversores interesados en la reactivación. Los trabajadores, sin embargo, afirman no haber recibido información concreta y exigen participar de las decisiones: “Queremos debatir esas propuestas en asamblea y decidir si las aprobamos o las rechazamos”.
El reclamo no es solo salarial. Es una demanda de transparencia, participación y garantía de continuidad laboral, en una empresa que históricamente se construyó sobre principios cooperativos, pero que hoy parece funcionar bajo lógicas ajenas a su identidad fundacional. Con un pasivo que supera ampliamente al activo y sin producción efectiva, la posibilidad de una quiebra definitiva ya no es un fantasma sino una amenaza tangible.
El argumento de los trabajadores es tan contundente como inapelable: “No somos cualquier acreedor: nuestros créditos son alimentarios”. El salario no es un ingreso más: es el sustento de sus hogares. En ese sentido, la falta de pago no representa simplemente una irregularidad empresarial, sino una vulneración directa de derechos fundamentales.
A esto se suma la creciente desconfianza sobre los términos en los que podrían ingresar nuevos capitales. En un contexto de opacidad y decisiones tomadas a espaldas de quienes sostienen la empresa desde adentro, los trabajadores temen que se utilice la figura del concurso para avanzar en un vaciamiento o una reestructuración regresiva que excluya sus intereses.
Frente a este panorama, han decidido movilizarse al juzgado que tramita el concurso y exigir a la Justicia que cumpla con el objetivo explícito del proceso: sostener y reactivar la empresa, no facilitar su disolución silenciosa. La convocatoria forma parte de una estrategia de lucha más amplia que incluiría medidas de fuerza en todo el país.
El conflicto de SanCor no es solo un problema laboral o empresarial. Es un síntoma profundo del modelo económico en curso, que parece desentenderse del tejido productivo real y de la dignidad del trabajo. La historia de esta cooperativa —fundada sobre los valores de la producción colectiva, la integración regional y la defensa de la industria nacional— contrasta con un presente signado por la incertidumbre, el endeudamiento y la exclusión de sus propios trabajadores.
La parálisis de SanCor no solo amenaza con llevarse puestos de trabajo: erosiona una forma de organización que durante décadas demostró que otro modelo agroindustrial era posible, con valor agregado nacional y distribución cooperativa. Hoy, ese modelo está en riesgo, y su defensa es también una defensa del país profundo, productivo y federal que muchos discursos invocan, pero pocos sostienen.
Lo que está en juego no es solo el futuro de SanCor, sino también el sentido mismo de una economía al servicio de las personas y no al revés.
